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lunes, 18 de abril de 2016

EL CANALLA DEL AÑO por Pablo Moreno

Exclusiva del diario The Clock: La universidad de Rascafría nombra en USA al mayor canalla del año


El ganador de premio habla de su canallada con nocturnidad pese a las reticencias de algunos de sus conocidos que se muestran celosos.
La institución académica de Estados Unidos acaba de nombrar a Harry Potter como la persona más canalla del año 2016. La decisión ha sido una sorpresa para todos los asistentes al evento celebrado en Maxisota (ya que Minisota se encontraba a desmano), en especial para Hansel y Gretel que se encontraban tomando un tazón de chocolate fresco con descuento en el centro educativo.

El jurado valora la hazaña histórica de Harry que decidió quitarse, en un ataque contra la Academia de la Lengua Vehicular de Coches Antiguos, la letra H de su nombre para decir Arry Potter. Este año, el joven mago sustituye a Bambi que obtuvo el premio el pasado 2015 cuando lloró por la pérdida de su matorral preferido tras una ola de calor no avisada por el Instituto del Tiempo Imprevisible.

Potter tomó la decisión canalla con alevosía en el Callejón Nocturno, ya que las farolas de esa pequeña calle se habrían apagado. El motivo fue que la producción eléctrica, a partir de molinillos eólicos, se interrumpió tras un acuerdo in extremis del viento tarifeño con el señor Sol que ha solicitado calentar de manera ininterrumpida el país durante todo el mes de abril antes de tomarse unas vacaciones.

Este canalleo de Arry ha gustado mucho a Ron, que lo ha celebrado por todo lo alto (a 3.000 metros de altura) con agua de mineralización débil de la Laguna de Hogwarts fundada por Napoleón en su viaje en dromedario a la isla. Sin embargo, la camarera del castillo, Hermione Granger ha criticado la actuación de su amigo y, por ello, los periodistas han acudido al bar de Colegio de Hechicería para informarse. Mientras la chica atendía a unos clientes amorosos muy morosos, declaró que Arry se había vuelto muy rebelde, en inglés regreen, y se había convertido en un golfista nato pese a que nunca había jugado a ese deporte.

No ha sido la única crítica que ha recibido Arry mientras estaba sentado en su casa de Marbella. Por su parte, Voldemort ha dicho, de pie, que Arry le ha robado la victoria y se ha hecho con un puesto que no merecía. El canalleo de los mortífagos vendría por ser más llano al descartar ser esdrújulo y agudo. Esto es, el malvado propuso cambiar la sílaba tónica de Voldémort (en lugar de Voldemort) para infundir temor, pero esa actuación no le ha bastado al jurado del instituto de Estados Unidos y ha quedado finalmente descalificado. El que no debe ser nombrado acudirá esta tarde al psicólogo del pato Donald y Goofy para superar el duro revés. Y se puede decir que nunca ha jugado al tenis.
Entre tanto, Hagrid acusa al jurado de tongo y le ha exigido una rectificación por carta enviada por hipogrifo a la plancha con salsa de ostras de restaurante asiático localizado en las mazmorras de Snape, que se disfrazará de serpiente para Carnaval.

Ante esta situación incomprensible, Arry Potter tiene previsto invertir el premio en la rehabilitación de un callejón para dotarlo de mayor seguridad, adquirir tres pasteles del fantástico país de Chuchelandia y visitar a su amigo venusiano con quien visionó la serie de dibujos Dora la Exploradora cuando era pequeñito. 

Seguiremos canalleando.

jueves, 3 de marzo de 2016

REIVINDICACIÓN DEL AMOR....CANALLA, OF COURSE



(Entrar en los dominios donde reina la escritura de Susana Cañil es adentrarse en la estancia de una sensibilidad personalísima y libérrima como pocas. Parafraseando la canción aquella de Víctor Manuel, diríamos, sí, que es fácil prendarse con esta mujer, con su escritura, pisar por donde pone el pie... y escribir donde pone ella la mano. Por ello es una extraordinaria mezcla de honor y placer hallarse aquí, Susana Cañil)  

REIVINDICACIÓN DEL AMOR....CANALLA, OF COURSE.
Por José Antonio del Pozo

Reivindicar siempre el Amor, claro que sí, pero el Amor no como recurso de postalita cursilonga, no como reclamo de Grandes Almacenes para el Día E, no como cascarón vacío para galanterías trasnochadas, no como receptáculo sobre el que verter el coágulo almidonado de frases e imágenes tan grandilocuentes como falsas; el amor como el más noble impulso de la atracción, el amor como la expresión arrobada del cariño, la delicadeza y la ternura, como ilusión desaforada que trastorna las mentes y complica la vida de las personas, que las engrandece y enaltece como ninguna otra cosa, el amor verdadero como división sagrada del alma, como dimensión elevada y pura de la excelencia, el amor como coloreada pulsión que nos hace mejores de lo que somos, el amor como ese mágico elixir que nos lleva, para trascenderla, a olvidar la vida gris, es decir, a olvidar la muerte, a de alguna manera derrotarla, el amor humano, a menudo tornasolado, claro es,  con los jirones de lo canalla, pues no somos los humanos, ay, ni del todo ángeles, ni demonios, simplemente humanos, demasiado humanos, aunque el Amor, de eso estamos seguros, casi siempre saca lo mejor de nosotros mismos; el descubrimiento del amor, cuando brota como flor de una pureza luego ya inalcanzable, y el amor al asalto, esa navaja al corazón a la vuelta imprevista de una esquina también. Reivindicar así el amor, sí.

miércoles, 3 de febrero de 2016

VENGANZA







Fantástica la frase de este escritor británico. Aunque más bien suena a sentencia.

Sobre el sentimiento de la venganza cada uno tiene su propia opinión. Casi todo el mundo dirá, que no merece la pena. Y en cierto modo, estoy de acuerdo. Si tuviéramos que ir devolviendo con la misma moneda cada vez que alguien nos provoca sufrimiento o nos ofende, nos pasaríamos media vida invadidos de odio, rencor y sentimientos negativos. Por no mencionar la pérdida de tiempo que supone invertir en malquerencias pudiendo hacerlo en emociones que regocijen tu alma y te reconcilien con el entorno.

Pero por supuesto, una cosa es la teoría y otra muy distinta, la práctica. Aquí todos somos muy comedidos y políticamente correctos hasta que nos toca a nosotros. O nos tocan a los nuestros. Entonces damos un giro copernicano y descubrimos que ese sentimiento de venganza es puro instinto radical, visceral, profundo y endémico  que habita con naturalidad en cualquiera de nosotros y  late con desesperación desde las entrañas de nuestro ser queriendo aflorar en su peor versión.

Muchos expertos han estudiado y analizado el comportamiento de las personas a lo largo de la historia, llegando a la conclusión de la que la venganza “tiene una función de protección dentro de una comunidad”.

Pensad, por ejemplo, en alguien que hiciera daño a vuestros hijos, que os involucre en un delito que no habéis cometido o que os haya humillado hasta perder toda vuestra autoestima. Quien diga que no tiene sed de venganza, sencillamente está mintiendo.

Yo aquí distinguiría entre desquite o desagravio, que viene a ser algo más reposado y socialmente aceptado,  y la venganza pura y dura, que  no consiste en resarcir el daño que nos han hecho, sino que lo que persigue no es otra cosa más que el otro padezca en sus propias carnes el dolor que te ha ocasionado a ti. Una réplica exacta. Y si puede ser más intensa, tanto mejor.

A lo largo de nuestra vida, el impulso de revancha  (yo abogo por diseñar una creativa, elegante, planificada) es ineluctable y yo diría que hasta necesario. Es humano y es legítimo sentir y pensar así. El daño, el dolor ocasionado de forma gratuita por gente mezquina requiere una respuesta en la misma línea. Que el otro sienta en su propia piel el padecimiento que infligió. Es cierto que con ello se persigue un objetivo más humillante que reparador, pero ¡qué placer tan increíble cuando lo consigues! Efímero, sí, pero placer al fin y al cabo.

No creo que el ser humano esté dispuesto ni capacitado para perdonar todo. Ni siquiera considero que sea sano hacerlo. Ojo, no hablo de acumular rencores, de fomentar enemistades o sentarse a descansar en la inquina de forma permanente, hasta verse apresado en un bucle del que ya no puedas escapar. No. Simplemente hay ocasiones en las que hay que dar salida en forma de malevolencia y que esa persona sepa que no se ha salido con la suya. Que ser malvado y retorcido tiene un precio.

El perdón no debe ser forzado ni tampoco fingido, porque entonces ni sirve ni resuelve  nada. Se convierte en un sentimiento vacuo y carente de credibilidad.


La capacidad para perdonar no nos viene de serie en los humanos. Hay que ejercitarla, pero eso sí, focalizada solo a aquellas personas que merecen ser perdonadas.
Es necesario saber distinguir entre perdonar y pasar página para no hacerte a ti mismo más que el daño indispensable.

martes, 5 de enero de 2016

BYE, BYE....NAVIDAD


Llevo desde el día 2 de diciembre escuchando la frase “Feliz año” y lo que me queda. Porque parece que se abre la veda en el mes noviembre y la gente se cree que puede seguir felicitando el año hasta el mes de abril, así, sin ningún pudor.

Feliz año. Dos palabras que encierran una insustancial fórmula de cortesía que repetimos como autómatas a cada persona que nos sale al encuentro. Igual que si nos hubieran programado el cerebro para que en cada época del año soltemos esas expresiones tan trilladas como artificiales, pero tan políticamente correctas. Y luego llegará San Valentín, la Semana Santa, el verano….y en cada una de esas ocasiones nuestra mente se vuelve a reprogramar con nuevas instrucciones para que reemplacemos el “feliz año” por “feliz verano” o lo que toque. Todo tan cumplido, tan urbano, tan disfrazado….

Porque la realidad es que cuando llega el momento de la verdad, y necesitas el apoyo, la ayuda o la atención de alguien es entonces, y sólo entonces, cuando te das cuenta de que la apariencia es el bello y primoroso papel de regalo que envuelve a nuestra sociedad. Tan hermoso como postizo. Tan delicado como peligroso.
Conozco a personas que mutan en navidad. Por unos días el espíritu navideño se apodera de ellos, incompresiblemente. Y si eres todavía inocente y aun  crees en los cuentos de hadas, hasta podrías pensar que los milagros existen y la gente puede invertir su esencia. Mentira. Solo espejismos. Cuando llega el 7 de enero vuelven a ser los mismos mezquinos, deshonestos e hijos de puta de siempre. Auténticos canallas. Y aquí aplico el término canalla en la peor de sus versiones.

La vida es un juego de intenciones, de intereses y de intercambios. De réditos y créditos. De envites arriesgados y puertas con llave maestra. De rivalidades y desafíos, en donde tanto el debe como el haber deben estar en perfecto equilibrio si no deseamos naufragar. En realidad eso es  así durante todo el año, pero en esta época se camufla en forma de generosas intenciones. Pura comedia.

¿Cuántas cosas dejaríamos de hacer por educación, por miedo, por comodidad o por satisfacer a alguien si supiéramos que nos quedan tres meses de vida? ¡Cientos! Ya os lo digo con absoluta certeza. Podría hacer una lista tan larga como para empapelar mi casa. No voy a mencionar ni una. Prefiero que las personas que lean esta entrada piensen en ello.

Y luego está la dichosa palabra. Feliz. Cuando alguien te desea felicidad,  ¿a qué se refiere exactamente? La felicidad es algo tan intangible, tan fugaz e impreciso, tan abstracta e indefinible. Lo que a mí me inunda de energía, de ánimo y de entusiasmo, puede estar en las antípodas de lo que impulse y motive a otra persona. Y la gente menciona la palabra felicidad con esa liviandad… ¡Insensatos!

Al año que comienza le pido un trabajo (de los de verdad), salud y afectos.
No puedo intervenir en la salud, pero sí puedo cuidar y mimar a la gente que quiero y me quiere y también puedo volcar mis esfuerzos en encontrar ese ansiado trabajo que me permita romper una cadenas y enlazarme a otras. 

Todo lo demás, es lo de menos.





viernes, 25 de septiembre de 2015

REGLAS BÁSICAS PARA VESTIR DE ROJO Y NO RESULTAR VULGAR.

EL COLOR ROJO


Hasta hace tres años yo no tenía una sola prenda roja en el armario. Lo confieso. Yo veía a mi amiga Virginia, que casi siempre viste de rojo, y me encantaba. Ella, tan alta, morena,  con ese pelo corto a lo “garçon” que sólo alguien con mucho estilo puede defender y ese aire afrancesado que se gasta…¡Es que a ella todo le queda bien!  Pero yo no me veía con ese tono.

Hasta que un día mi amiga me regaló algo rojo por mi cumpleaños y me animó a que probara. Y me gustó. Esas mismas navidades me compré un vestido rojo sangre, el mismo que ilustra esta entrada y que se convirtió, sin quererlo ni esperarlo, en mi prenda de la suerte y en mi vestido fetiche.






A partir de ahí comencé a experimentar con ese tono, pero con calma y sin abusar de él. Y volví a elegirlo para la presentación de mi libro, animada de nuevo por mi sirena.





El rojo es un color de por sí muy llamativo. Es decir, si te decantas por él vas a llamar la atención allí donde vayas.  Y la frontera entre resultar elegante o chabacana es muy frágil si no sabemos mezclar y defender esta tonalidad con soltura. Reconozco que es la prueba de fuego de cualquier mujer. Hay que tener mucho porte y poderío y en especial, mucha confianza en una misma.

Existen reglas muy básicas, de sentido común, para vestir de escarlata.

1.- Elige líneas depuradas y minimalistas y tejidos de cierta calidad, que tengan cuerpo y caída. Lana fría, tafetán, seda salvaje, piqué, terciopelo….dependiendo de la ocasión. Si es un vestido, por ejemplo, que sea liso, sin adornos, sin flores, sin brillos. Huye del punto, el tejido vaquero y  el stretch de algodón.

2.- Nada de escotes pronunciados ni minifaldas. Tampoco ir embutida como una salchicha por muy buen cuerpo que tengas. Directamente pasarías a la tribu de las “chonis” sin clemencia.

3.- Ninguna joya o las mínimas. Eso de volcar el joyero encima de tu cuerpo y parecer un árbol de Navidad, no. Cómo máximo unos pendientes y un reloj y todo muy discreto y de pequeño tamaño. Olvídate de pulseras (mucho menos eso de llevar cuatro o cinco en una muñeca. Simplemente, espantoso).

4.- Ojo con los complementos.  El rojo armoniza bien con negro o con “nude”. Y punto.  Y si es para algún acontecimiento especial, con plata. Todas las demás combinaciones arruinarán sin remedio el efecto final.

5.-  Uñas impecables tan sólo con brillo y maquillaje discreto. Aunque estas dos últimas cuestiones son una regla básica, vistas de rojo o de cualquier otro color.

6.- Si quieres vestir de rojo, pero no te atreves de golpe, comienza por incorporar pequeños guiños en forma de accesorios: un pañuelo, un cinturón, un bolso o unos zapatos. Y si el efecto te convence, puedes dar un paso más. Mejor con una parte de abajo. Una falda  o un pantalón combinados con prendas sencillas y de colores neutros para no recargar.


Y recuerda, la regla básica para vestir bien es MENOS ES MÁS. Nunca añadir, siempre quitar. Que ya lo decía la gran Coco.






miércoles, 16 de septiembre de 2015

HOY ES UN DÍA ESPECIAL


Cuando era pequeña existía la costumbre, que muchos recordaréis, de tener unos pocos vestidos destinados solamente a los domingos o a ocasiones señaladas. Los niños crecíamos a un ritmo vertiginoso y apenas nos daba para dos puestas. Y en el caso de los adultos, me vienen a la memoria trajes maravillosos de mi madre, confeccionados a medida por su modista personal, que acumulaban polvo y estaciones en los armarios, a la espera de  que llegara el domingo o esos días "especiales" para lucirlos en su majestuosa belleza, que en el caso de mi madre, era inconmensurable.

Hace tres años,  tras una desgracia personal, entendí cuán efímera es nuestra existencia, pero sobre todo, como puede dar la vuelta en tan solo un instante. No somos conscientes de que estamos de paso por esta calle llamada vida, y durante un tiempo tremendamente limitado en el mejor de los casos, siempre que Don Destino no decida abordarte en mitad del paseo para invitarte a cruzar al otro lado de la vía.

Fue entonces cuando algo en mi cerebro mutó. Los cables se desconectaron o, tal vez, se conectaron por fin, ¡quién sabe!
El caso es que mis coordenadas vitales se vieron alteradas.
Ahora mis días especiales son todos y cada uno de ellos, según me levanto por la mañana.

No digo que no a ningún plan que me apetezca por muy cansada que esté. He triplicado el número de veces que digo “te quiero” a la gente que me importa. No basta con que ellos lo sepan, hay que verbalizarlo, porque tal vez mañana sea muy tarde. No guardo ropa o joyas sólo para utilizarlas en días clave. Me las pongo cada vez que quiero. 

Mi mente y mi cuerpo están alerta, receptivos y dispuestos para que me sucedan cosas, buenas y malas. He perdido el miedo a los errores y no malgasto mi tiempo con la gente equivocada. Me bebo la vida a granel y por descontado, ya no hago planes más allá de veinticuatro horas. Hoy es un día extraordinario, por la única razón de que estoy viva.


Si hoy brilla el sol, lo quiero entero para mí. Y mañana….ya lidiaré con la tormenta. Pero eso, será mañana.


martes, 8 de septiembre de 2015

MIS DEMONIOS Y YO


Todos tenemos nuestros demonios. Y el que diga lo contrario, miente.
Los míos son viejos conocidos. Los tuteo, los recibo en casa, charlamos, algunos se quedan una temporada, algunos mueren de aburrimiento y entonces vienen otros nuevos a darme el tostón. 
Con alguno he llegado a un acuerdo: yo te ignoro y tú no me molestas.
Con otros mantengo un despiadado litigio, de duración indeterminada y ganador incierto.

A unos pocos he tenido que exterminarlos sin compasión, o la difunta hubiera resultado ser  yo.

He aprendido a torearlos y a tolerarlos. Siempre manteniendo la distancia precisa para que no escapen de mi campo de visión.

Ayer vinieron todos en masa. Visita de cortesía, dijeron.  He hablado con ellos, igual que cuando conversas con el perverso enemigo, al que odias con todo tu ser, pero a la vez respetas e incluso, en algún momento, temes. Marcando mi territorio con el aroma de la arrogancia y el valor, pero haciéndoles un floreado rendibú como corresponde a cualquier anfitrión. 

Anoche durmieron debajo de la cama. De vez en cuando me agachaba y les preguntaba si se encontraban cómodos. Parece ser que sí. Me han dicho que no se quedarán mucho esta vez. Tienen otras almas que visitar. Perfecto. A enemigo que huye, puente de plata.

La relación con los demonios interiores debe ser así. Si tratara de aniquilarlos, perdería toda mi esencia, mi chispa, todo aquello que me hace diferente, briosa y atrayente. Me convertiría en un ser anodino e invisible. Pero sobre todo, me convertiría en una mujer incapaz de inventar armas para gestionar los momentos espinosos con los que la vida te pone a prueba casi a diario.

Mis demonios consiguen que todo lo bueno que hay en mí, brille con mucha más intensidad.

Así que, como dicen, si no vas a amar mis demonios, por favor, no trates de sacarme del infierno.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

REBELDE SIN PAUSA

En mi entrada de hoy os voy a contar una anécdota personal que ilustra la foto que acompaño al texto. Mi amigo del alma, Miguel Ángel Sánchez, me acompañaba ese día y puede dar fe de que lo que cuento es real.

Octubre del año pasado. Ciudad: Barcelona. Liber, feria de las editoriales.
Para todo aquel que lo desconozca, allí solo acceden las editoriales. Los autores no podemos entrar, teóricamente, claro.

A mi amigo si le invitan y yo me cuelo en la fiesta, igual que en la canción de Mecano. ¡¡Qué sabe nadie si soy editora, autora o domadora de fieras!!! Lo importante de todo esto es que ya me estoy saltando las normas. Y disfruto con ello. Y mi amigo, ni os cuento.
Llevo unas diez carpetas, perfectamente encuadernadas y que me han costado un pastón. Pero yo soy así, si hago algo, lo hago bien. Las carpetas son voluminosas. Contienen las primeras páginas de mi nueva novela (debidamente registrada), mi Cv, fotos de la autora realizadas en estudio y una recopilación de todas mis apariciones en prensa y radio, además de las reseñas de Espérame en París más relevantes. Todo ello, por supuesto, en color. Nada de “cutreces” en blanco y negro.


Mi amigo y yo llevamos una selección hecha de las editoriales que nos interesan y que voy entregando en cada caseta. Esto no es llegar y besar el santo. Hay que saber a quién entregas ese material, para posteriormente contactar con él/ella, y en ocasiones, la persona adecuada está reunida o no está. Resumiendo, dos días sin parar.

Hay una editorial, y no voy a decir su nombre, a la que ya entregué el año anterior Espérame en París, y de la cual no obtuve ni siquiera un mensaje escrito, ni para bien ni para mal. Si me parece importante que un correo o un mensaje sean contestados, os podéis hacer una idea de lo que me puede parecer que dejes en manos de un desconocido un material tan delicado y que no tengan ni la decencia ni la educación de contestar. Por no hablar de profesionalidad, que esa brillaba por su ausencia.

Como soy persona de dar segundas oportunidades, vuelvo a insistir al año siguiente con esa misma editorial, con cierto resquemor por mi parte, pero animada por mi amigo, cuyos consejos suelo seguir, más que nada porque él es más pragmático que yo y menos temperamental.

Tras dos días persiguiendo al tipo que tenía que atenderme (y os puedo asegurar que no iba a marcharme de Barcelona sin conseguir una cita con él), al fin nos recibe con cara de perro (no sé qué me infunde más pavor, si la gente que sonríe siempre o la que no lo hace nunca).Le cuento la razón de mi visita y su respuesta es que yo como autora no tendría que estar allí, que estoy utilizando conductos inapropiados y que me estoy saltando las normas. ¡¡¡Juas!!! Me da la risa, claro.


¡Por supuesto que me estoy saltando las reglas! - le digo. Siempre que lo considero oportuno,  lo hago.

Se enfada, primero porque soy mujer y le estoy contestando, y luego me quiere dar una lección de comportamiento, como el papá que regaña a su hija y le reprocha una conducta supuestamente inadecuada. Mi amigo Miguel Ángel, me mira con preocupación. Por mi expresión sabe que en cualquier momento se va a desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Y llegados a este punto, estoy dispuesta a ello. No tengo nada que perder.

El sujeto (no tiene otro nombre y además es casposo y da grima) insiste en que no va a quedarse con el manuscrito. Y yo le desafío a él a y a su escasa paciencia indicándole que no me levanto de allí hasta que se lo guarde en su maletín y se lo entregue a Fulanita de Tal. En este punto cambia la expresión. ¿Cómo conozco yo ese nombre?, me pregunta el mamarracho. Pues lo conozco porque, como no podía ser de otra manera, me he vuelto a saltar las normas para obtener esa información.

Al final, y demostrando la inteligencia justa para pasar el día, el tipejo accede a regañadientes a quedárselo.
Nos damos la mano cordialmente, como si no hubiera pasado nada y cuando me marcho le digo: " Si no te saltas las normas, nunca llegas a nada". Y salgo de su diminuto territorio, mientras, de espaldas, le digo adiós con la mano.

Nos marchamos de allí, mi amigo y yo, muy dignos, sabiendo que jamás me contestarán, como de hecho así ha sido. Pero también con la certidumbre de que yo no querría publicar con esa editorial ni loca. Si ese  es el tipo de gente y de comportamiento que ofrecen de cara al público, no quiero ni imaginar cómo será en privado.


Por eso siempre persigo lo que me interesa, pregunto cuando no sé (el NO lo tengo de antemano) y procuro saltarme las normas y buscar caminos alternativos siempre  que puedo. Los demás, que hagan lo que quieran.



martes, 21 de julio de 2015

EL WHATSAPP, LOS INFIELES Y ESAS COSILLAS....

Texto escrito por Ángel Beneyto.

La prueba del móvil no engaña.
Si os dijera que en estos tiempos que nos ha tocado vivir, existe una prueba inequívoca del amor que profesa una persona a otra, se llama “smartphone”, quizás alguien daría una sonora carcajada.
Pero pensad, ¿cuántos de vosotros, queridos canallas podríais resistir la prueba del algodón y sin dudarlo, mostraría el contenido íntegro de su móvil a su pareja, para por ejemplo, salvar su relación amorosa? Estamos de acuerdo, que debe haber una confianza mutua dentro de las parejas y nadie nunca va siquiera a mirar de reojo los chats del otro.  ¿O sí?
¿Os imagináis la escena? Una pareja que vive muy lejos el uno del otro, tras un largo chat, deciden que es hora de irse a dormir. No obstante, y cada uno por su lado, mantienen relaciones “virtuales” a distancia y lo que fue hace tan solo un momento un “adiós mi amor, estoy cansadísimo, no sabes cuánto te quiero”, de repente, se transforma en un “hola” a un tercero, para Dios sabe qué. Pero a buen seguro que ese "hola" no fue fruto de haberse tomado una bebida energética, ese segundo “hola”, es fruto de un impulso tal, que es capaz de vencer cualquier cansancio.
Las redes sociales han aumentado exponencialmente las separaciones y divorcios, diría un estadístico del INE, seguramente por el uso, abuso y sobre todo porque, querámoslo o no, a pesar de vivir tan bien comunicados, estamos cada vez más aislados. Atontados ante las pantallas de nuestros ordenadores y “móviles inteligentes”, perdiéndonos muchos besos y abrazos de esa persona que un día hizo que en nuestras entrañas saltara una chispa de felicidad, para posteriormente apagarla, teniendo las santas narices de confesarnos, sin tener en cuenta si nos hacía daño o no, que tenía comunicación con una persona que constantemente le doraba la píldora y le decía “me gustas y me gustaría abrazarte y acostarme contigo”. ¿Quién no ha mirado continuamente los estados de los whatsapp u otras redes sociales para saber si su pareja en la distancia, a quien no ve, y hace apenas 3 minutos, no le ha vuelto a escribir otro mensaje?, ¿estará flirteando con otro? ¿Seré yo el segundo?
Estamos funcionando en la vida a golpe de bit. Ya apenas descolgamos un teléfono de aquellos de pared, o góndola (esos vinieron luego) para llamar agenda de papel en mano. Todo aquello se ha perdido, también ese protocolo para ponernos en contacto con nuestros seres queridos, a quienes a veces, llamamos menos que a nuestros amigos virtuales, que por otra parte son unos perfectos desconocidos. Es como se terminan ahora algunas relaciones amorosas, porque el pastel contiene ingredientes tan distintos a los que hacían nuestras madres y abuelas, que ya ni siquiera tenemos tiempo para hacerlo en casa, y añadir ese elemento que le da ese sabor tan característico, el amor y el tiempo dedicado a su elaboración. Por eso,  y no sé de quién es la frase, pero dice: “No pases tu tiempo, con quien no esté dispuesto a pasarlo contigo”.

Texto escrito por Susana Cañil

Y aquí es donde yo me pregunto, si no es igual de infiel el que tiene una pareja estable pero piensa en otras alternativas, al menos mentalmente. Eso no quiere decir que lo lleve a cabo. Las razones pueden ser muchas: falta de ocasión, cobardía, miedo a perder lo que ya se tiene (aunque eso no le satisfaga) o tantas otras.
Para mí, la frontera es inexistente. El o la que piensa en otra persona de forma erótica es tan infiel como el que culmina físicamente esa fantasía. Y conste que no es una crítica. No me posiciono ni a favor ni en contra. La vida es demasiado corta y cada uno es libre de beberla al ritmo que su corazón, sus impulsos o su ética personal le marquen.
Lo cierto es que cuando una pareja lleva unos cuantos años juntos, pongamos una media de 10, la pasión se ha esfumado por la puerta y la rutina ha ocupado su lugar con intención de quedarse a vivir por siempre jamás.

Hombres y mujeres necesitamos esa dosis de sorpresa, extraviada en la penumbra de nuestra memoria, de miradas furtivas y pecaminosas, ciegas entre los mil quehaceres diarios, de tiempo para volver a descubrirte, aunque ya no haya ningún tesoro que desenterrar, de atención, de admiración, de ternura, de deseo renovado….
Y en muchos casos en los que en casa eres invisible, de repente te materializas en forma de  carne y hueso para un desconocido/a.

Las redes sociales y/o el teléfono inteligente no creo que sean las causas directas de estas situaciones. Tendemos siempre a echar la culpa a los demás o a factores externos, para no mirar en nuestro interior y reconocer que, de existir algún culpable, solo somos nosotros mismos. Es más fácil mirar hacia otro lado, responsabilizar al destino o a las circunstancias,  que aceptar nuestros errores.

Sacamos tiempo de debajo de las piedras para  asuntos banales, para gente que no merece tu atención, para actividades estúpidas, para quedarnos en la oficina hasta la tantas como si nos fueran a dar la medalla al trabajo, y sin embargo no  nos paramos ni medio segundo a reconquistar a la persona amada, o supuestamente amada.

Algo está fallando en esta sociedad.


miércoles, 8 de julio de 2015

EL ALCALDE DE GRANADA

José Torres, alcalde de Granada acaba de  realizar estas declaraciones en el Salón de Plenos, a propósito de unos premios que entrega esta noche, dando las pautas sobre el atuendo que deben lucir los asistentes.

“Las mujeres cuanto más desnudas más elegantes y los hombres cuanto más vestidos, más elegantes”.
Mencionar lo desacertado de sus palabras es tan obvio que no voy a recrearme ni un segundo más de lo debido.

Yo a este señor le diría que la elegancia nada tiene que ver con la ropa. La elegancia en un don con el naces, viene de serie en tu código genético. Es impalpable, invisible para ciertas retinas, incomprensible para mentes estrechas, inapreciable para almas pedestres. La elegancia no se puede comprar, ni  vender, ni se aprende en ninguna escuela ni se presta al trueque. Y afortunadamente nada tiene que ver con poseer dinero ni una posición relevante.


Aunque para entenderla, apreciarla y descifrarla,  es necesaria la inteligencia. Esa que tantas veces queda claro que no existe al escuchar o leer ciertos desatinos.



viernes, 19 de junio de 2015

ME GUSTA

A  mí me gusta la gente que arriesga, que se despeina, que mete la pata, que provoca, que asume desafíos.

Me gustan las personas que piden perdón porque lo grita su alma, no por guardar las formas o por miedo a perder algo.

Detesto a ese tipo de personas que nunca pierden los papeles, que no alzan la voz, que siempre tienen  la palabra justa, ni una de más ni una de menos. Que son política y soporíferamente correctos. ¡Qué aburrimiento!

Me gusta la gente que ríe con la mirada y no con la boca.
Me gusta la gente que dice mucho con poco. Que defiende sus ideas y su forma de ser, frente a todos y frente a todo.

Me gusta la gente que tiene secretos, que miente de vez en cuando, que tiene un pasado sospechoso y un presente canalla.
Me gusta la gente que peca, que transgrede, que se enamora solo un minuto. ¡Pero qué minuto tan real!

Me gusta la gente que destaca y alborota los sentidos. La gente diferente.

A mí me gusta la gente apasionada, como yo.

jueves, 18 de junio de 2015

MINICANALLADA

Nunca el silencio se escucha mejor que durante esos 30 minutos en los que un hombre intenta quitarte el sujetador.

¡ Buenas tardes, canallas !

martes, 16 de junio de 2015

Pecados y Pecadores

Hay personas que se olvidan de la lista de los pecados capitales (por supuesto entendiendo la palabra pecado como la plantea el cristianismo católico, que como sabéis ni estoy ni se me espera).
Para los desmemoriados, os recuerdo los pecados:






Y ahora, si alguno tiene valor, que me diga que no es un pecador. Y ojo, empleo la palabra pecador no en su forma peyorativa o desfavorable, más bien como todo lo contrario. Pecar es algo que va íntimamente ligado al ser humano, queramos o no.
Quién no ha sentido o siente alguna vez todos o algunos de ellos? ¿Quién no los practica? ¿Quién no los espanta cómo si fueran demonios? ¿Quién no se ha sentido engullido por alguno en cierto momentos? ¿Quién puede asegurar, con rotundidad, que alguno no le corre por las venas? ¿A quién no le gustaría sucumbir a varios de ellos? O al contrario, ¿quién lucha con encono a diario para no vivir atrapado en ellos?