Hace unos días comentaba en una charla informal con un amigo, que
cualidades y defectos vienen de serie y cuales adquirimos a base de amontonar
años y experiencias.
No llegamos a ningún entendimiento, como suele suceder cuando se habla de temas en los que no hay ninguna base médica o científica, ni nada está comprobado.
No llegamos a ningún entendimiento, como suele suceder cuando se habla de temas en los que no hay ninguna base médica o científica, ni nada está comprobado.
Yo me mantengo firme en la posición de que hay
mucho con lo que naces, o tal vez todo, inamovible,
pero que con el paso del tiempo y de las vivencias con las que te toque lidiar,
esos comportamientos se verán alterados, emergiendo en su faceta más tibia o
más virulenta.
Estoy harta de ver niños pequeños, muy pequeños,
que ya desde temprana edad manifiestan su lado más perverso y cruel. Pequeñas
sanguijuelas que no han tenido tiempo para reproducir ciertas conductas vistas
en adultos y que ya reaccionan de una forma más que preocupante.
De la misma manera que veo el caso contrario. Niños que demuestran una madurez, una generosidad y un espíritu de sacrificio impropios para su edad.
De la misma manera que veo el caso contrario. Niños que demuestran una madurez, una generosidad y un espíritu de sacrificio impropios para su edad.
Nada de esto es casualidad.
Virtudes y defectos son como los talentos: vienen contigo al nacer y afloran de forma natural. Igual que el que sabe cantar, pintar o escribir, al final lo hará. El que es generoso o tacaño, radiante o taciturno, mezquino o solidario, envidioso o noble... y así hasta el infinito, igualmente lo demostrará muchas veces a lo largo de su vida. Las reacciones espontáneas suelen ser las que hablan por sí solas de los seres humanos y te dicen en qué categoría situarlos.
Lo importante es contemplar desde la más absoluta imparcialidad, el niño que fuimos, o que recordamos haber sido, y analizar si el adulto con el que ahora nos vestimos, es el que un día deseamos ser. Preguntarnos si nos sentimos orgullosos.
La respuesta solo la tenemos nosotros.
