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miércoles, 8 de noviembre de 2017

RESEÑA DE SILENCIOS CANTADOS


RESEÑA DE SILENCIOS CANTADOS


Es domingo y en Madrid el frío se nos ha echado encima sin permiso, después de un otoño camuflado de estío que yo quisiera eterno. El día invita a sofá, manta, un buen libro o una película pero el destino, siempre travieso, me reserva otros planes para esta tarde de noviembre.

Me sacudo la pereza y decido acompañar a varios amigos a ver un espectáculo del que sé lo justo. No he mirado críticas ni he solicitado opiniones; nunca lo hago. No me gusta llegar contaminada de comentarios camuflados en forma de elogios o de ataques, que fluctúan según el interés. Tampoco leo a los especialistas en la materia, que diseccionan el espectáculo con escalpelo y terminan por convertir su lectura en una autopsia preñada de tecnicismos que ni comprendo ni quiero comprender.




Yo sólo entiendo de lo que me araña el alma y con eso me es suficiente. Silencios Cantados, que así se llama la obra escrita y representada por María Villarroya, lo hace con creces. Y ahora, os cuento las razones.
El teatro Réplika se convierte en el epicentro escénico de este tsunami emocional que no deja indiferente ni aunque quisieras. Un espacio con aforo para unas 160 personas, íntimo, acogedor, igual que el salón de tu casa pero desprovisto de cualquier ornamento que desvíe la atención de lo que realmente importa. 

El talento nunca ha necesitado escaparates pomposos y este es un ejemplo clarísimo de ello. Se apagan las luces e irrumpe María en escena como un terremoto que, sin previo aviso, hace tambalear tus cimientos interiores con magnitud máxima en la escala de Richter. Y ahí se acaba y empieza todo. María es la protagonista, el escenario, el público y la música. El ángel y el demonio. La paz y la guerra. La derrota y la victoria. El quiero, el puedo y el debo enzarzados en una cruenta batalla. El corazón y la cabeza igual que dos bandas callejeras disputándose el territorio. Una perfecta dicotomía que cambia de registro en el tiempo en que aleteas tus pestañas y te lleva de viaje en primera clase con compañeros de vuelo como el amor, la desgana, la ironía, el dolor, la esperanza, la pérdida, la risa, el valor…

Cierto que había echado un vistazo a su libro, deteniéndome en algunos textos. Imposible leer rápido un ejemplar de casi dos kilos y con un contenido que necesita dos vidas para ser interiorizado, pero es absolutamente incomparable lo que te hace sentir al escucharla cantar, hablar y actuar.  Que tiene una voz portentosa es tan obvio que me resulta un ejercicio perezoso el tener que mencionarlo, pero no solo basta con eso. Harta de escuchar gente que canta bien, pero sin alma. No es el caso de Villarroya. Todo lo contrario. 

Se nos presenta dulce, vestida con un sencillísimo vestido de línea minimalista, sin joyas ni maquillaje y un discreto moño y  por unos instantes puedes caes en la trampa inicial de pensar en cierta fragilidad y mucho candor. Nada más lejos de la realidad. Durante hora y media no da tregua al espectador, que pasa por todos los estados anímicos a golpe de mirada, pregunta a bocajarro o esos textos de sus canciones que, insolentes, nos formulan preguntas incómodas y nos obligan a expatriarnos de nuestra zona de confort.

En un mundo colonizado por la mediocridad, en el que casi todo está dicho, escrito y hecho, yo no soy rastreadora de innovación, pero sí tan admiradora como perseguidora de la excelencia. Ella inicia la función diciendo que es una oficina de objetos perdidos. Yo añado, también, de objetos hallados. Los que yo encontré esa tarde en la figura de María. Excelsa, cercana, valiente, arrolladora, inteligente, diferente. Una auténtica diva vestida de la más absoluta normalidad. Eso sí que es peligroso.

Este mes, ella y su deliciosa obra, traspasan fronteras y apuestan (y arriesgan) por Buenos Aires. Aunque el riesgo lo es mucho menos si quien produce y conduce esta aventura es alguien como Mikel Barsa, una auténtica leyenda viva que tanto ama la música y ha hecho por ella a nivel mundial. Un genio, un sabio musical al que admiro por su trayectoria y su entrega a la causa. Y porque me da la gana, también.  Me atrevo a apostar por este caballo y su jinete con la seguridad de ganar.

Da igual Madrid, Buenos Aires, Tombuctú o Júpiter, al final la música, la palabra y el amor son elementos y emociones comunes a todo ser humano que nos enlazan y nos globalizan, nos empujan y nos dan alas, siempre presentes en cualquier ecuación. Esas cosas sencillas que nos ayudan a vivir, a ser un poquito más felices y que, a veces, encontramos en nuestra particular oficina de objetos perdidos; el corazón.

¡Muchos éxitos, María!

Autora del texto: Susana Cañil





lunes, 13 de marzo de 2017

RESEÑA DE LA OBRA "QUIÉN PIDIÓ POLLO"





RESEÑA DE  LA OBRA “QUIÉN PIDIÓ POLLO”

No me canso de decirlo y siempre lo diré. Si ya de por sí salir a un escenario y enfrentarse con el público me parece algo digno de admiración, hacerlo solo, durante una hora y media y sin más compañía que un micrófono, es un acto de valentía y amor a tu profesión.

El colombiano Antonio Sanint aterriza por primera vez en España con su espectáculo “Quién pidió Pollo” y elige el Nuevo Teatro Alcalá para ello.

El título hace referencia a esa frase típica que se utiliza en su país para referirse a situaciones incómodas, pero siempre con un trasfondo humorístico.

Rey de la comedia en su país pero por suerte, no sólo es profeta en su tierra. Con su larga trayectoria en cine, teatro y televisión ha recorrido países como Perú, Ecuador, EE.UU o Canadá, entre otros.

Él se define como comediante, palabra que, particularmente, me encanta. Ni monologuista, ni cómico, ni humorista. Aunque en el mismo momento en el que las luces se encienden y él sale a escena, resulta ser todo eso y mucho más.
En su introducción nos desvela las distintas formas de hablar de su país y sus diferentes acentos dependiendo de la zona. Explicaciones que acompaña de divertidos y expresivos gestos corporales que anuncian, tímidamente, lo que nos espera.

En “Quién pidió pollo” se exponen, no todas, pero sí muchas de las inseguridades del ser humano, independientemente de razas, países, género o culturas. Porque las situaciones que nos muestra son universales. El miedo a acudir a la consulta del dentista, a no ser suficiente para tu pareja, a no dar la talla en el sexo, a no entender nada cuando nos hablan en otro idioma, a una entrevista de trabajo o a quedarte sin papel higiénico en una casa que no es la tuya, por citar algunos de los que podréis ver en la obra. Los miedos, las inseguridades que todos tenemos y que al final, son el denominador común de todo ser humano. Da igual lo fuerte que puedas parecer, porque al final, todos sin excepción, las padecemos.


Siempre he pensado que todo con humor se puede contar y Antonio Sanint  me demuestra, en esos 90 minutos, que así es. Humor más allá de cualquier frontera, divertido, irónico a ratos, canalla pero no chocarrero, hilarante e inteligente. Momentos en los que yo he llorado de pura risa y el resto del público, creo que también, simplemente imaginándonos en ese tipo de situaciones cotidianas que todos vivimos, y sufrimos,  a diario.

Reír es la mejor terapia para el espíritu, un bálsamo al alcance de cualquiera con efectos inmediatos y milagrosos. Y esta obra tiene ese poder.

¿Te la vas a perder? Yo no lo haría.

¡Absolutamente recomendable!

La obra se representará del 10 al 26 de marzo de 2017.
Viernes y sábados a las 23,00 hrs.
Domingos a las 20,30 hrs.
Nuevo Teatro Alcalá – Calle Jorge Juan, 62, esquina calle Alcalá.