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viernes, 15 de junio de 2018

LOS VERANOS DE MI VIDA


El verano siempre ha sido mi estación favorita del año. Le profeso tanto amor como odio le consagro al invierno o al otoño.  Y, lógicamente, ellos, el verano y el invierno, sabedores ambos de la posición que ocupan en mi particular repertorio de afectos, me responden cada uno en los mismos términos. Igual que si gozaran de vida propia, intuición o alma, deben percibir con nitidez mi animadversión hacia el uno y mi querencia natural hacia el otro. Fiscalizan mi carácter, influyen en mis ganas, en mi pereza o mi predisposición, en mi regocijo o mi disgusto. Barajan mi talante y mi apetito a su antojo y me reparten las pasiones y las voluntades igual que los naipes marcados de antemano. Quedo desnuda y a su merced, rendida ante sus trampas.





El frío, la lluvia y la nieve, voltean mi carácter. Una mirada de soslayo al jardín recién duchado, un súbito escalofrío o el fleco de una bufanda asomando indebidamente, me transmutan en plomiza y  apática unos días,  tormentosa y colérica, otros. Destemplada y desapacible, siempre.

Por no hablar de la pereza que me produce el ropaje invernal. Botas, guantes, gorros, jerseys de cuello alto, abrigos...Un aterrador prontuario de accesorios que calcinaría uno por uno en una hoguera si pudiera y desterraría de mi  armario por siempre jamás.  Aunque hay dos que, a mi juicio, se llevan la palma. El insufrible, y siempre molesto, paraguas y las medias. ¡Quién inventaría las medias! Antiestéticas, disformes, opresoras y en las antípodas de poder provocar cualquier deseo sicalíptico en un hombre. Y ni siquiera abrigan. Que alguien me explique su supuesta utilidad, porque yo, al hecho de no llevarlas, sólo le veo ventajas de todo tipo. Sí, la que estáis pensando también.

Pero aterriza el verano y de la misma manera que cambia el perfume en el ambiente, la luz por la mañana y el esmalte del cielo al atardecer, yo comienzo a reverdecer. Una plétora de sensaciones tan placenteras e indescriptibles, imposible de dibujar aquí, en tan solo unas líneas.

Terrazas en las que sentarme a leer  mientras el sol, descocado, se entretiene en mis mejillas, flores por doquier, chiquillos en los parques, bullicio por las calles, jornadas que se alargan, cenas en el jardín, baños en el mar… El mercurio escalando con la misma celeridad que yo cuando me apasiono con algo o con alguien.

La vida, esa que habíamos confinado junto con la ropa impregnada en naftalina,  se escapa de los armarios en forma de sexys y vaporosos vestidos, de jornadas interminables, de pamelas y bikinis, de libros que apetece devorar, de planes aplazados, de confidencias bajo la luna,  de musas que retornan con brío y exigencias, de atrevimiento en las miradas y deseos urgentes e inaplazables. Y de canciones, claro. Porque cada verano está ligado forzosamente a una canción.

Hay un día en el que abro la ventana y el paisaje que me devuelve la vida es el verano de mi infancia y adolescencia, como una película a cámara lenta y subtítulos expresados en emociones. Esos días sin colegio, sin prisas, sin obligaciones, jugando en la calle o en la playa con mis amigos. El bocata, las dos horas de digestión antes de poder volver a bañarte, el primer beso, el octavo o noveno amor, que en realidad siempre era como el primero, las diez como hora límite para llegar a casa, el cine de verano, tu vecino el buenorro o la bronca de tu padre si sospechaba que tonteabas con algún chico.  No podría afirmar con rotundidad si fueron los mejores veranos de mi vida, ha habido muchos especialmente felices y maravillosos, pero sin duda estaban preñados de ilusión, de sueños, de despreocupación, de euforia, de godeo y hasta de cierta desvergüenza, en algunos momentos.

Aunque si tuviera que quedarme con alguno, siempre apostaré por el que está por llegar.

El espíritu del estío se aproxima. Inexorablemente. Y llega para quedarse una temporada. Con él, otro año más, podré seguir llenando mi baúl de intentos, presencias, tanteos, imágenes, besos y vivencias. 

Con el tiempo los recuerdos se deforman, se alteran y, en cierto modo, se falsean. Prescindimos de lo feo y, en defensa propia, nuestra memoria, avispada y selectiva, nos incita a subirnos al tren de los momentos amables y dichosos. Mejor. El trayecto se hará corto y el paisaje, inmejorable.

Lo anticipo, lo presiento y lo deseo.

¡Ven pronto! Te estoy esperando.





Texto escrito por Susana Cañil
Derechos Reservados







viernes, 16 de marzo de 2018

RESEÑA: SIEMPRE TUVIMOS HÉROES - LA IMPAGABLE APORTACIÓN DE ESPAÑA AL HUMANITARISMO




SIEMPRE TUVIMOS HÉROES  de Javier Santamarta del Pozo


Hay libros que quedan bonitos a la vista expuestos en cualquier estantería de tu casa. Hay libros para leer e inmediatamente expatriarlos al último rincón oscuro de esa misma estantería. Hay libros que necesitas tener siempre a mano y hay libros que deseas olvidar, pero no puedes. Hay libros… Hay libros para todo y para todos. Luego existe ese pequeño puñado de joyas que yo reservo para que descansen a mi lado en la mesilla de noche; los especiales. Aquellos que por motivos que nadie más que yo entendería, se han ganado esa posición privilegiada. Siempre tuvimos héroes. La impagable aportación de España al humanitarismo, es uno de ellos.




Este ensayo, escrito por Javier Santamarta, llega en un momento ideal.  Y me atrevería a decir que para todos. En esta época convulsa que sufrimos en nuestro país, en la que el patriotismo brilla por su ausencia y todos, en mayor o menor medida, nos hemos vueltos unos descreídos, este libro logra que nos sintamos orgullosos de ser españoles, de nuestras raíces y de todos esos héroes casi desconocidos que Santamarta rescata a través de su experta pluma y gracias a su vasto conocimiento en el tema que nos ocupa. No en vano lleva años trabajando en ayuda humanitaria en todas sus vertientes; tanto en trabajo de campo, estando presente en varios conflictos internacionales, y como experto dando conferencias y formación a civiles y militares.




El libro aporta otra visión, al mundo y al propio lector, de la  valiosa contribución de España en gestas humanas, dejando a un lado, por una vez, las hazañas bélicas. No ha debido ser nada fácil para el escritor escoger las que finalmente aparecen; hay muchas, bastantes más de las que nos imaginamos. Santamarta selecciona 13 (ese número que a mí me encanta y me da buena suerte) y nos lleva de paseo por casi mil años de historia. En concreto, desde 1.085 hasta 1.971. Ahí es nada.

¿A quiénes nos vamos a encontrar?  Personajes como el cirujano Fidel Pagés, un genio de la medicina española descubridor de la anestesia metamérica,  mundialmente conocida después como anestesia epidural que tantas alegrías nos ha dado. Su prematura muerte a los 36 años en un accidente de tráfico, deja el descubrimiento en el olvido, lo que aprovecha un avispado médico italiano para “apropiarse” de él. Por fortuna, con el tiempo se le ha reconocido el descubrimiento, aunque su nombre nunca ha ocupado el lugar que merecía. 

Carmen de Angoloti, Duquesa de la Victoria. Reconozco sin pudor que la primera vez que escuché este nombre fue hace unos meses en una serie de televisión en la que, con el desastre de Annual de fondo, nos contaban la historia de las que fueron las primeras damas enfermeras de la Cruz Roja. Una aristócrata que no dudó en salir de su cómoda zona de confort para acudir al frente y jugarse la vida atendiendo a los soldados y protegiendo a todas las enfermeras que le acompañaban y estaban a su cargo. Una mujer fuerte, decidida, de principios sólidos y espíritu de entrega, digna de admiración. La serie me la descubrió (aunque almibarada, no le resto la parte del mérito que tiene) y con el libro he ahondado en la vida de esta gran dama que sin duda alguna hoy, sería una emprendedora de éxito.

No solo aparecen personajes en el libro, también instituciones como la Oficina Pro Cautivos, un innovador proyecto humanitario cuyo fin era obtener información, en muchos casos removiendo cielo y tierra, sobre la situación en la que se encontraban militares o civiles en zonas de guerra y de este modo poder transmitir los resultados a todos los familiares, desesperados por saber si estaban vivos, muertos, presos o desaparecidos durante la Primera Guerra Mundial.

El organismo fue fundado y puesto en marcha por el Rey Alfonso XIII y costeado íntegramente a través de su patrimonio personal  y se convirtió para el monarca en una causa propia desde el principio.

Y así hasta trece.

Santamarta me cuenta algunas anécdotas vividas con este libro. Por ejemplo que mientras investigaba sobre la Oficina Pro Cautivos se topó con otro escritor, Jorge Díaz, que acababa de publicar Cartas a Palacio su novela más conocida, en la que justo nos descubría un hecho histórico tan fascinante como desconocido para la mayoría. De ahí nace una amistad entre los dos (después me añadiría yo) que sigue vigente.



Javier Santamarta, Jorge Díaz y Susana Cañil.


Igualmente ha tenido el privilegio de poder charlar e intercambiar información con los descendientes de algunos de sus personajes. Aunque Javier ha dedicado muchos meses a investigar y contrastar información al objeto de poder plasmarla de la forma  más rigurosa posible, el hecho de recabar datos de primera mano, además de un deleite para él a nivel personal, añade al libro un plus de exquisitez difícilmente superable.

Politólogo, experto en Historia y en protocolo, Santamarta podría haber escrito un libro denso y pesado, de esos que escriben algunos escritores por y para ellos en donde queda reflejada la sabiduría infinita que les separa del resto de los mortales, pero que suele resultar, en casi todos los casos, infumable para el lector. No ha sido así. Dejando a un lado la cuota de vanidad que todos los que juntamos palabras poseemos, él ha tenido la visión y la inteligencia de permitir leer el libro, antes de su publicación, a personas con el conocimiento justo de Historia con el fin de que, una vez en manos del lector final,  pudiera ser leído con ganas, facilidad e interés y sin tener que recurrir a una enciclopedia o a "San Google" para desentrañar su significado. De esta manera, en mi opinión, lo convierte en ágil, ameno y fresco, sin perder ni un ápice de su misión didáctica. Un libro destinado a un público amplio y heterogéneo;  cien por cien recomendable para personas de entre 12 y 100 años.

El broche de oro queda a cargo de esas maravillosas fotografías alusivas que acompañan a cada uno de los capítulos y que establecen la frontera entre lo que podría haber sido un libro más y lo que es en realidad; una verdadera alhaja.

Hay que agradecer al autor el rescatar de un injusto olvido a todos estos maravillosos personajes, héroes anónimos, que al terminar de leer el libro, nos harán recordar, o reforzar, lo orgullosos que tenemos que estar de ser españoles.

- ¿Habrá una segunda parte? – le pregunto a Javier.

- Sería una buena idea –me dice.

Y con esa respuesta flotando en el aire, me voy corriendo a escribir la reseña que hoy estáis leyendo.









martes, 9 de mayo de 2017

UN FLECHAZO


UN FLECHAZO

por Susana Cañil



Llevo más de una hora dando vueltas por la tienda con resultado infructuoso. Y eso que son tres enormes plantas y hay oferta más que de sobra para satisfacer los gustos más exigentes. No sé si será el día, que hoy ha amanecido plúmbeo y con ganas de lloriquear (porque el chirimiri que ha caído no alcanza a ennoblecerse con la categoría de lluvia) o mi ánimo no está hoy para romerías. Tal vez lo segundo es consecuencia de lo primero, pero la cuestión es que no encuentro nada que me atraiga de verdad. Es bien cierto que tengo la exótica costumbre de no buscar, prefiero que todo me encuentre a mí, salvo en casos de urgencia. O en los de necesidad máxima en los que no me queda más remedio que abandonar la aventura y caer en manos de la previsión.  Y hoy, es uno de esos días.




Doy vueltas, recorro estanterías, miro, rebusco…Esto se está poblando de humanidad y yo detesto los aforos que exceden lo razonable, es decir, cuando empiezo a notar que mi espacio vital es invadido con aliento ajeno. Recibo un pequeño empujón con bolsazo incluido de una señora que mientras camina sin rumbo fijo, escribe algo en su móvil. No digo nada, pero la fulmino con una de mis miradas asesinas y la mando a la otra punta del local. Y además, aborrezco la horrible música que suena de fondo; me turba y me desvía de mi misión. Habría que despedir al que la elige. Mi humor acaba de vestirse definitivamente de luto y decido abandonar la búsqueda.

Entonces le veo. Me llama la atención irremediablemente. ¡Qué elegante es! Tiene sus años, se le nota en la presencia, pero también posee el atractivo irrefrenable del que tiene mucho que contar y enseñar. Su aspecto exterior es saludable, tal vez unas arrugas que podrían haberse evitado y un cierto aire maravillosamente decadente en los colores que le visten. ¿De dónde ha salido? Si he recorrido cada centímetro del local y no le he visto. Y desde luego, no pasa desapercibido. El destino, siempre zascandil y juguetón como un revoltoso infante.

Miro a su alrededor y compruebo con alegría indisimulada que está solo. Me acerco poco a poco, con cadencia calculada y un fin premeditado; oler su perfume. Para mí es fundamental el aroma, también  el tacto, claro. Pero eso ahora es inviable. Él me mira. Sí, me está mirando sin disimulo y con cierta insolencia. ¡Y su mirada se traduce en tantas sensaciones! Estoy nerviosa y algo excitada. Esto es un flechazo en toda regla, me digo. ¡Y no lo voy a dejar pasar! Me armo de valor y por fin me sitúo a su lado;  ambos nos medimos en esa distancia tan corta que casi nos rozamos, pero tan eterna cuando dos desconocidos se mueren por dejar de serlo. Aspiro su olor. ¡Joder, qué bien huele! Mil pensamientos cascabelean en mi cabeza. El mundo a nuestro alrededor acaba de desaparecer. Ya no veo a nadie, ni escucho ruidos, la música ha cesado y la señora que me propinó el bolsazo ha pasado a pertenecer a otro universo. Solos él y yo. No hay manera de esquivar el roce, ni lo deseo. Y cuando su tacto se posa sobre mi piel, me encanta; suave, atrayente y muy masculino.  Nos deseamos y no hay vuelta atrás. Le agarro entre mis manos y él se deja guiar hacia la salida sin oponer resistencia. Tengo tantas ganas de llegar a casa y devorarlo que tropiezo al bajar las escaleras por las prisas. Menos mal que el tramo no era excesivo y he podido reconducir la trayectoria de la caída. Aterrizo encima de él y me río a carcajadas. Ambos estamos bien y un señor muy amable me ayuda a levantarme.

Me lo llevo – le digo a la cajera, saltándome la fila para pagar y con el dinero preparado en la mano.

¿Quiere ticket regalo? – me pregunta muy amable.

Oh, no. Muchas gracias. Un libro nunca me va a defraudar hasta el punto de querer devolverlo.

Salgo de la tienda y una escandalosa tormenta de aguanieve ha terminado por tapizar Madrid. Pero ahí está él, esperándome. Ha salido del coche y avanza hacia mí con el paraguas desplegado y su maravillosa sonrisa. Sabe que odio la lluvia, pero más todavía que mi melena se encrespe. Me quedo unos segundos, resguardada debajo  de la marquesina, mirando su estampa. Está arrebatador con ese vaquero que resalta todos sus poderes sobre mí. El libro y él han terminado por empaparme del todo y ahora me asalta la duda de con cual de los dos comenzaré a saciar mi apetito cuando llegue a casa.

Libros y hombres. Hombres y libros. No hay tanta diferencia entre ellos y los dos son capaces de transportarme a los mejores éxtasis.

miércoles, 22 de febrero de 2017

ENTREVISTA EN METROPOLITAN RADIO ESPAÑA



Ya podéis escuchar la entrevista que Pilar Nogales me hizo para METROPITAN RADIO ESPAÑA el pasado sábado.

Allí tuve que elegir las seis canciones de mi vida.

No os la perdáis porque merece la pena.



http://www.ivoox.com/17087144

domingo, 11 de diciembre de 2016

RESEÑA DE LA NOVELA "TIENES QUE SALTAR" de Francisco Rullán


TIENES QUE SALTAR



En la nueva novela de Francisco Rullán  los protagonistas son dos personas muy especiales a la vez que entrañables. Un abuelo que responde al nombre de César Martínez, con ochenta y siete años y más de cien kilos de peso y su nieta Carla Fernández, una adolescente de dieciséis años amante apasionada de la lectura. Entre ellos una relación de amor incondicional, de entrega y cariño, de admiración y respeto mutuos.

Visto así podría parecer que nos encontramos ante un argumento de corte inocente con una historia sentimental destinada a un público juvenil. Ni por un segundo os dejéis llevar por las apariencias porque esta historia encierra muchas sorpresas y os puedo asegurar que ni son cándidas ni os dejarán indiferentes.




La acción transcurre entre las ciudades de Madrid y Barcelona con algunos saltos fuera de España por exigencias de la trama.

¿Qué nos vamos a encontrar al leer el libro de Francisco Rullán? Una realidad, por desgracia, muy acorde con los tiempos en los que nos ha tocado vivir: corrupción al más alto nivel político, empresarial y policial. Sobornos, blanqueo de capitales, tráfico y distribución de drogas, ansias de poder a costa de lo que haga falta e incluso asesinatos.

Mercedes, madre de Carla, una mujer que lucha por salvar lo que queda de su maltrecho matrimonio con Raúl. Miquel Estruch, el abogado más prestigioso de toda la ciudad de Barcelona, un personaje carente de principios y escrúpulos capaz de cualquier atrocidad si eso le proporciona poder, dinero y placer. Elisabeth Ferrán, la caprichosa, arrogante y amoral hija del principal empresario farmacéutico catalán y, a la vez, casada con el hermano de Mercedes. Y por último, la inspectora Miranda, una mujer combativa, preparada y con carácter que deberá luchar con todas las armas legales de las que dispone con el objetivo de hacer caer a uno de los grupos delictivos más poderosos y elitistas de la sociedad catalana. Y no lo va a tener nada fácil.

Éstos son algunos, que no todos, de los otros personajes que conforman la novela, que no por secundarios merecen menos atención. Más bien, todo lo contrario. Porque en esta historia nos vamos a topar de lleno con toda la maldad de la que un ser humano es capaz de desarrollar.  Aquí solo hay malos o buenos sin apenas espacio para el término medio.

Los personajes, perfectamente dibujados, te harán pasar del odio al amor y de la alegría al llanto con tan solo avanzar de capítulo. Una historia bien hilvanada, creíble y que te mantiene en tensión a medida que avanzas. Lenguaje sencillo, descripciones precisas sin adornos innecesarios, sentimientos a flor de piel con los que más de una vez todos se van a sentir identificados y una conmovedora relación abuelo/nieta que se verán inmersos, sin pretenderlo, en una vorágine de odio, malicia y ambición de la que tratarán de salir indemnes moral y físicamente.

Se nota la evolución de Rullán en esta novela, aunque él escribe siempre con el corazón y eso vuelve a quedar patente en estas páginas.

Hay frases preciosas en el libro para reflexionar. Yo he escogido tres que me han gustado especialmente.

 - He descubierto que un libro que vuelves a leer pasados los años, equivale a un libro nuevo.

- Cuando se ama de verdad, sobran excusas y faltan motivos.

- Si fallas, perdónate cuanto antes. No pierdas el tiempo culpándote.

En resumen, una historia bonita y actual, pero no por ello menos desgarradora en su trasfondo, que nos habla del valor de la familia, de los lazos de amistad, del trabajo bien hecho, de recuperar valores y mantener nuestros principios, del amor, del poder increíble de los libros en las personas y de luchar siempre por lo que uno desea de verdad. Eso sí, sin olvidarnos nunca de que en este mundo estamos permanentemente rodeados de envidia, de codicia, de falsas apariencias, de injusticia y de maldad. Y que muchas veces nos tocará sacar de paseo a nuestra peor versión para sobrevivir a ciertos pasajes de nuestra vida.

No quiero terminar sin hacer mención al título, que de por sí tiene su propia anécdota. Tal vez porque me ha pillado en un momento muy especial y decisivo de mi vida, esa frase ha calado muy hondo en mí, más de lo que yo podría imaginar. Porque es muy cierto que hay momentos en tu existencia en los que tienes que saltar, en sentido real o figurado. Que te lo digan los demás o que te lo recuerdes a ti mismo. Saltar para salvar o salvarte. Saltar para arriesgar por algo. Saltar para cambiar el rumbo. Saltar porque, tal vez, es la única opción. El final del libro me ha hecho replantearme muchas cosas y también llorar. De emoción, de pena, de alegría, pero especialmente, de esperanza.
Y con ese mensaje me quedo.

Os recomiendo que la leáis y que cada uno saque sus propias conclusiones.

¡Feliz lectura, canallas!



lunes, 1 de febrero de 2016

CUATRO SITIOS EN MADRID IMPRESCINDIBLES

MIS ÚLTIMOS DESCUBRIMIENTOS

CASA LAFU – CALLE FLOR BAJA, 1 – MADRID -  METRO SANTO DOMINGO
TELÉFONO: 91 548 70 96

En la segunda planta de un local en una callejuela de la Gran Vía madrileña, nos topamos con un restaurante chino diferente. ¿Por qué? Varios son los motivos. Para empezar la mayoría de sus clientes son chinos. La comida es auténtica china y en concreto de la zona de Sichuán ( una provincia al suroeste de China). La carta elegante, en tres idiomas,  extensa y en su mayor parte, desconocida y que  resalta con puntos rojos el grado de picante según el plato escogido. De hecho lafu en chino significa picante.

Su plato estrella es el HUO GUO, comida tradicional de esta zona. Una olla donde se cuecen legumbres, verduras y carne y por supuesto, especias. Lo más divertido es que el sabor de esa sopa lo eliges tú mismo añadiendo los ingredientes que prefieras en un fogón de inducción  en el centro de la mesa y escondido bajo el mantel, que tú mismo vas llenando a tu gusto. Viene a ser como una fondue pero al estilo chino.

Para probar este plato es recomendable ir en grupo. Un mínimo de cuatro personas. Así se puede llenar la olla con más ingredientes y el precio resulta más económico.

Además de su olla, platos desconocidos: lubina ahumada al estilo Shanghái, codillo de cerdo al té o los rollitos de tofu con verduras. Una cocina muy novedosa pero cargada de autenticidad como lo demuestra que los propios chinos sean en su mayoría los que coman allí.


El restaurante cuenta con salones divididos en dos plantas y dos reservados. Y una terraza en la que puedes tomar bebidas y tés.  Y todo con una cuidada y elegante decoración con auténticos muebles chinos.

Precio medio: 25 euros.





BANI BANOO – CALLE MÁRTIRES CONCEPCIONISTAS, 19 - MADRID -
Teléfono: 810 52 11 27

El último encuentro "sirenero" tuvo lugar en este local de reciente apertura, concretamente en mayo. Un local pequeño, pero con una delicada decoración. 

Al frente su propietaria, Bani, una chica iraní afincada en Madrid que ha unido sus estudios de marketing a la pasión por la cocina.
Bani Banoo es un restaurante de cocina persa pero que también ofrece platos de fusión. En la pequeña barra exponen y ellas mismas te explican las especialidades del día, que van cambiando todas las semanas. Puedes escoger entre tres de ellas y al ratito saldrán exquisitamente preparadas de la cocina.

Un lugar que cuida la atención, la calidad y el entorno.
Entre sus deliciosas propuestas: tortilla de coliflor con perejil y salsa de yogurt, arroz iraní con azafrán o las berenjenas ahumadas con nuez y menta.
No dejéis de probar el bizcocho de cerveza Guinnes y chocolate o el de zanahoria.

Tienen menú desde 12,95 euros. Conviene reservar porque es pequeño y está teniendo mucho éxito, por lo que se llena enseguida.

Punto a su favor: abren desde la ocho de la mañana y en sus desayunos puedes encontrar desde las propuestas tradicionales hasta uno que es mi preferido: una tostada con queso, pepino, menta, tomate y nuez. ¡ Exquisita !
¡Ah! Y abren los domingos!!

Un lugar que ya he visitado en varias ocasiones y en distintos momentos del día y siempre me sorprende y me enamora. !Ah! Y la atención es maravillosa. Un detalle que para mí muy importante.




LA CHARCA TABERNA -  CALLE JUAN ALVAREZ MENDIZABAL, 7 - MADRID
Teléfono: 915 47 28 94

En pleno barrio de Argüelles, nos encontramos con La Charca, una taberna actualizada y espacio consagrado al cañeo y al picoteo. Pero en el que también puedes encontrar la comida tradicional española de calidad pero sin florituras y con un claro guiño a Asturias, porque el dueño del restaurante es un asturiano afincado en Madrid.

Un local al que han sometido a una profunda reforma y cuyo resultado es espectacular. Al entrar nos encontramos con una larga barra que va cambiando de color según las horas y una zona de mesas altas donde tomar el aperitivo.
Al fondo, un patio interior decorado con vegetación y vigas de madera vista en los techos, sillas de distintos colores y mesas de madera, envuelven de calidez un lugar donde lo mismo puedes desayunar, comer, tapear o tomarte un buen gin tonic, debido a su horario ininterrumpido.

Lasaña de marisco, patata confitada con foie, trufa y huevos de corral, croquetas de la casa y la inevitable fabada, son algunos de los platos que nos podemos encontrar en su carta.

Y quedaos con este nombre que es absoluta tendencia: el cachopo. Un plato típico asturiano que consiste en dos filetes de ternera grandes y entre ellos jamón y queso. Se ha convertido en plato para sibaritas, estrella de ferias gastronómicas y objeto de muchos reportajes. Tal es el éxito que ha conseguido  que este plato se reinvente con pollo, verduras, pescado, setas,  etc….

Y no, por favor. No cometáis el error de comparar un cachopo con un San Jacobo, un flamenquín, una milanesa o un Cordon Bleu. Otro día os explico la diferencia.

Tienen un menú diario por 14 euros. Y si come de carta el precio medio es de 30 euros.

Un lugar que os recomiendo y al que ir, sí o sí.



BOOK TASTING


Como su nombre indica son catadores de libros. La idea es “sacar a la literatura del armario intelectual”
¿Cómo funciona? Aproximadamente cada dos semanas, Eitan Felner, un chico argentino precursor de este invento,  reúne a un grupo de personas en lugares variopintos de Madrid para darles a probar unos bocados de literatura. Siempre será sobre un tema en concreto y el lugar, acorde con él. Por ejemplo. 

En una vinoteca se habló sobre los pecados capitales, en una tienda picante sobre relatos eróticos y en una librería de viajes, como La ciudad invisible, se hablará de relatos sobre viajes. Cada uno puedes escoger un fragmento de un libro que él lleve o puedes llevarlo tú mismo y leerlo en voz alta mientras los demás escuchan.

También puedes llevar tu propio texto (no más de dos páginas) mientras maridáis todo con un vino, cerveza o un café.
Algunos de estos encuentros son gratuitos. Para los que no, su precio oscila entre los 6 y los 15 euros dependiendo de la consumición que incluya la cata (a veces con tapa incluida).
Las posibilidades son infinitas:
Maridar los libros con pelis, aromas, vinos, objetos de la vida cotidiana, ropa, comida....en parques, cafés, librerías curiosas, hoteles, boutiques, playas, salones de té, viñedos, parques infantiles, tintorerías y muchos etcéteras. 

Como dice su ideólogo “ aquí no se viene a hablar de libros, sino a que los libros nos hablen a nosotros”.
Otra deliciosa forma de mezclar letras y libros y, de paso, conocer gente nueva.

Para saber más o apuntarse a estas catas podéis entrar en su página de Facebook: book tasting o en la página web www. meetup.com







viernes, 15 de enero de 2016

LOS MEJORES AMANTES

Me declaro adicta a ellos. Perturbada, loca y enamorada. No puedo prescindir de sus efectos, de todos ellos. Al principio, cuando nos conocemos,  con algunos la chispa prende de inmediato. Me aceleran el corazón e inflaman mi espíritu pero al punto, ansiosa como soy,  quiero más. Quemar etapas para alcanzar el final cuanto antes. 

Con otros me cuesta iniciar la relación, no me convencen, pero a medida que avanzo deseo descubrir más y más, navegar entre acertijos o naufragar entre misterios. Con varios mantengo una relación exclusivamente pasional. Regreso a ellos una y otra vez, caigo en sus redes de garabatos, rasgos y grafías, que conozco de memoria, pero que me atraen como un imán. Los hay a los que saludo y digo adiós en menos que canta un gallo. A otros ni siquiera les he dado la oportunidad de conocerlos, y los he desterrado al más anochecido rincón de mi memoria.  

Algunos, tan canallas como yo, me  atrapan y no puedo soltarlos.  Otros son viejos conocidos a los que recurro cuando el aburrimiento y la desgana se apoderan de mí, con la certeza de saber que nunca me defraudarán. El problema surge cuando me enamoro de uno de ellos y termino encarcelada en un amor imposible del que no quiero salir.

Por fortuna, con ellos existe una relación libre, sin espacio para la fidelidad. Si lo fuera, me impediría conocer nuevos candidatos y por ende, nuevas y gloriosas emociones. Cada uno es y será importante en mi vida. Me hacen volar, imaginar, recapacitar, adivinar, desear, pensar, amar, odiar, descubrir, comparar….
Me desnudan, me sorprenden, me hacen reír o llorar, me enseñan, me divierten,  me enloquecen, me apresan, me rescatan, me entretienen y me salvan.

No hay nada como su tacto, su olor y su compañía. Un placer tan intenso, solo comparable a un buen amante.

LOS LIBROS.



domingo, 10 de enero de 2016

RESEÑA DEL LIBRO HOLA, ¿SEXO?

TÍTULO: HOLA, ¿SEXO? ANATOMÍA DE LA CITAS ON LINE

AUTORA: LUCÍA MARTÍN

EDITORIAL: ARCOPRESS

Nº PÁGINAS: 143

No conocía el libro ni tampoco a su autora, pero confieso mi debilidad por los títulos y las portadas, sin atender a argumentos, reseñas rimbombantes o escritores que firman éxitos de ventas. Exceptuando a mis autores de cabecera a los que leo siempre, escriban lo que escriban, con el resto me dejo llevar por esas primeras impresiones que  unas pocas veces me defraudan, pero que en la mayoría de los casos sólo ponen de manifiesto lo bien que hago dejándome llevar por mis intuiciones.
Y esta vez vuelvo a dar en la diana.

Nada más recibir por correo las novedades de la editorial, el título  llamó mi atención. No hizo falta nada más. Escribí a mi contacto allí y le dije que quería que Lucía viniera a hablar de su libro a la radio. Y dicho y hecho. Pero antes de eso, lo leí, por supuesto.

Lucia Martín es periodista especializada en economía, ha trabajado muchos años en París y ha publicado siete libros hasta el momento. Y debo decir que es amable, simpática y cercana en las distancias cortas.

En  Hola, ¿Sexo?, la autora nos sumerge de lleno en el mundo de las citas on line. Vamos, lo que viene a ser las nuevas formas de ligar. Y parece ser que lo tradicional, el romanticismo y la conquista ya forman parte del baúl de los recuerdos de los más nostálgicos. Lo que prima ahora es sexo sin aderezos, sin decorados innecesarios ni noveleros preludios, todo a golpe de ratón o de pantallazo.  La inmediatez en estado puro guardada en un bolsillo de tu chaqueta. O de tu bolso. Porque no olvidemos que ahora hay casi tantas depredadoras sexuales como hombres.

Detrás de este libro hay un exhaustivo trabajo de documentación de más de un año, que se aprecia nada más adentrarse en las primeras líneas. Un viaje,  a través de sus ciento cuarenta y tres páginas, por todo el panorama de las webs de citas, nacionales e internacionales, muchas de ellas muy conocidas y otras que la mayoría de nosotros no sabíamos ni que existieran. Con desenvoltura, con elegancia pero sin tapujos, pero sobre todo con humor y entretenimiento, vamos a ir descubriendo muchas cosas que desconocíamos y confirmando, muy a nuestro pesar,  otras muchas que intuíamos.

Este es un negocio que mueve dinero, mucho dinero. Pero también se mueve mucha información.  ¿Están a salvo los datos personales que los suscriptores aportan a estas aplicaciones? Lamentablemente, nadie puede garantizar eso. Sin ir más lejos la famosa web Ashley Madison, fue el objetivo de unos hackers que consiguieron información privilegiada de  treinta y siete millones de usuarios. Es para pensárselo, ¿no?

Lucía mezcla con absoluto acierto datos económicos y estadísticas con experiencias personales narradas  en forma de conversaciones reales ocurridas con varios hombres y todo salpicado de una inteligente ironía. El capítulo final, titulado “Una serie de catastróficas desdichas”, es hilarante a la vez que desolador. Pone  de manifiesto el  errático comportamiento humano con respecto a las relaciones amorosas y sexuales y las pocas, o nulas, expectativas que debemos concebir si lo que tenemos en mente es una relación madura, realista y con visos de perdurar en el futuro.

Un libro ágil y directo, que te enseña, te entretiene y te divierte, y que bien podría ser una guía disuasoria, para saber qué es lo no vas a obtener en este tipo de relaciones, o bien un manual de cabecera para todo lo contrario: si al final decides que quieres probar suerte en este nebuloso e impredecible mundo del ligoteo virtual, sabrás con exactitud cuál es la web que más se ajusta a tu personalidad y a tus gustos y cómo debes actuar en cada situación. En cualquier caso advertimos que siempre ocasionará daños colaterales.

Tú decides.
Consumo placer o con sumo placer.








miércoles, 2 de septiembre de 2015

REBELDE SIN PAUSA

En mi entrada de hoy os voy a contar una anécdota personal que ilustra la foto que acompaño al texto. Mi amigo del alma, Miguel Ángel Sánchez, me acompañaba ese día y puede dar fe de que lo que cuento es real.

Octubre del año pasado. Ciudad: Barcelona. Liber, feria de las editoriales.
Para todo aquel que lo desconozca, allí solo acceden las editoriales. Los autores no podemos entrar, teóricamente, claro.

A mi amigo si le invitan y yo me cuelo en la fiesta, igual que en la canción de Mecano. ¡¡Qué sabe nadie si soy editora, autora o domadora de fieras!!! Lo importante de todo esto es que ya me estoy saltando las normas. Y disfruto con ello. Y mi amigo, ni os cuento.
Llevo unas diez carpetas, perfectamente encuadernadas y que me han costado un pastón. Pero yo soy así, si hago algo, lo hago bien. Las carpetas son voluminosas. Contienen las primeras páginas de mi nueva novela (debidamente registrada), mi Cv, fotos de la autora realizadas en estudio y una recopilación de todas mis apariciones en prensa y radio, además de las reseñas de Espérame en París más relevantes. Todo ello, por supuesto, en color. Nada de “cutreces” en blanco y negro.


Mi amigo y yo llevamos una selección hecha de las editoriales que nos interesan y que voy entregando en cada caseta. Esto no es llegar y besar el santo. Hay que saber a quién entregas ese material, para posteriormente contactar con él/ella, y en ocasiones, la persona adecuada está reunida o no está. Resumiendo, dos días sin parar.

Hay una editorial, y no voy a decir su nombre, a la que ya entregué el año anterior Espérame en París, y de la cual no obtuve ni siquiera un mensaje escrito, ni para bien ni para mal. Si me parece importante que un correo o un mensaje sean contestados, os podéis hacer una idea de lo que me puede parecer que dejes en manos de un desconocido un material tan delicado y que no tengan ni la decencia ni la educación de contestar. Por no hablar de profesionalidad, que esa brillaba por su ausencia.

Como soy persona de dar segundas oportunidades, vuelvo a insistir al año siguiente con esa misma editorial, con cierto resquemor por mi parte, pero animada por mi amigo, cuyos consejos suelo seguir, más que nada porque él es más pragmático que yo y menos temperamental.

Tras dos días persiguiendo al tipo que tenía que atenderme (y os puedo asegurar que no iba a marcharme de Barcelona sin conseguir una cita con él), al fin nos recibe con cara de perro (no sé qué me infunde más pavor, si la gente que sonríe siempre o la que no lo hace nunca).Le cuento la razón de mi visita y su respuesta es que yo como autora no tendría que estar allí, que estoy utilizando conductos inapropiados y que me estoy saltando las normas. ¡¡¡Juas!!! Me da la risa, claro.


¡Por supuesto que me estoy saltando las reglas! - le digo. Siempre que lo considero oportuno,  lo hago.

Se enfada, primero porque soy mujer y le estoy contestando, y luego me quiere dar una lección de comportamiento, como el papá que regaña a su hija y le reprocha una conducta supuestamente inadecuada. Mi amigo Miguel Ángel, me mira con preocupación. Por mi expresión sabe que en cualquier momento se va a desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Y llegados a este punto, estoy dispuesta a ello. No tengo nada que perder.

El sujeto (no tiene otro nombre y además es casposo y da grima) insiste en que no va a quedarse con el manuscrito. Y yo le desafío a él a y a su escasa paciencia indicándole que no me levanto de allí hasta que se lo guarde en su maletín y se lo entregue a Fulanita de Tal. En este punto cambia la expresión. ¿Cómo conozco yo ese nombre?, me pregunta el mamarracho. Pues lo conozco porque, como no podía ser de otra manera, me he vuelto a saltar las normas para obtener esa información.

Al final, y demostrando la inteligencia justa para pasar el día, el tipejo accede a regañadientes a quedárselo.
Nos damos la mano cordialmente, como si no hubiera pasado nada y cuando me marcho le digo: " Si no te saltas las normas, nunca llegas a nada". Y salgo de su diminuto territorio, mientras, de espaldas, le digo adiós con la mano.

Nos marchamos de allí, mi amigo y yo, muy dignos, sabiendo que jamás me contestarán, como de hecho así ha sido. Pero también con la certidumbre de que yo no querría publicar con esa editorial ni loca. Si ese  es el tipo de gente y de comportamiento que ofrecen de cara al público, no quiero ni imaginar cómo será en privado.


Por eso siempre persigo lo que me interesa, pregunto cuando no sé (el NO lo tengo de antemano) y procuro saltarme las normas y buscar caminos alternativos siempre  que puedo. Los demás, que hagan lo que quieran.