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viernes, 5 de abril de 2019

Entrevista a Carmen Posadas: «Nunca dejes tu felicidad en manos de otras personas»


20 PREGUNTAS CANALLAS Y UNA CANCIÓN 

DESESPERADA 

Entrevista a Carmen Posadas
por Susana Cañil


Poca presentación se puede hacer de una mujer como Carmen Posadas. Y no porque no merezca un derroche de tinta, vocablos y elocuencias, merece todo ello a espuertas, sino porque todos los que amamos leer, conocemos de sobra su trayectoria. Aquí no vais a encontrar información sobre qué dieta sigue, de qué firma se viste o con quién estuvo casada. Si queréis esos datos, buscad en San Google y saciad vuestra curiosidad.




Esta sección de mi blog nace con el objetivo de conocer el aspecto humano, insólito, desconocido y/o divertido del entrevistado. Y, además, añadir esa visión desde el punto muerto del retrovisor; el lugar donde uno fija la vista y no ve nada, pero debe intuir todo.

Autora fecunda que se ha atrevido con literatura infantil, relatos, novelas, guiones de cine y biografías. Ganadora de importantes premios, traducida a 23 idiomas y considerada en 2003 por la revista Newsweek como una de las autoras más relevantes de nuestros tiempos. Con este avasallador currículum uno puede caer en la ligera y perezosa tentación de pensar en una mujer difícil, vanidosa o de imposible acceso, que solo concede entrevistas a los grandes periodistas y a las publicaciones más leídas. Nada más alejado de la realidad; cercana, educada, elegante, humilde y de trato impecable. Me rindo a su exquisitez desde el primer nanosegundo.

Anda de promoción, viajando de un lado a otro con su último retoño literario, “La maestra de títeres”, así que, se disculpa por no poder recibirme en persona, pero me atiende encantadora y solícita por teléfono.

El primer libro que cayó en mis manos escrito por ella fue “Cinco moscas azules”. Dirige, junto con su hermano Gervasio, un afamado taller de escritura al que hace ya unos años quise apuntarme, pero mi situación personal y económica no me lo permitió. Lejos de sentirme frustrada pensé: “Si no puedo asistir al taller, leeré todos sus libros”. Y eso hice. Se lo cuento con sinceridad y vislumbro un fulgor de emoción y orgullo a través de hilo telefónico. Lo que no le confieso es que justo ese fue el inicio de una catarsis personal y el impulso que me hacía falta para escribir y publicar la que fue mi primera novela. Se va a enterar de todo esto cuando lea estas líneas.


Comienzo con una pregunta muy de escritores.

1.-  ¿Has sufrido el pánico a la página en blanco?
Suspira y se ríe.

 «Confieso que sí, pero tengo el antídoto perfecto. Es algo que yo enseño a mis alumnos en mi taller de escritura y siempre les comento, una cosa que puede parecer una perogrullada, pero que funciona: escribir se comienza escribiendo. Hay que soltar lo primero que se pase por la cabeza, incluso aunque nos parezca una estupidez. Poco a poco irá cogiendo forma  y todo te parecerá más fácil»

2.-  Todos, sin excepción, tenemos miedos e inseguridades. Dime tu fórmula magistral, si la tienes, para afrontarlos y salir, si no indemne, al menos airosa.

«Yo tengo una receta que bauticé como la “receta Serrat” porque hace referencia a una canción de él que se llama “Como un gorrión”

Le gusta andar por las ramas
ir de balcón en balcón
sin que nadie le eche mano
como un gorrión.
Nació libre como el viento,
no tiene amo ni patrón
y se mueve por instinto
como un gorrión…
«Mi fórmula es marcarme metas alcanzables e ir consiguiéndolas. Cuando comencé a escribir pensaba en que alguien me leyera. Cuando empezaron a leerme, quería que me publicaran. Cuando al fin me publicaron, comencé a soñar con un premio…y así sucesivamente. Me voy marcando metas cercanas, accesibles, porque volando bajito se puede llegar muy lejos»

3.-  ¿Qué duelen más, Carmen, los años o los daños?

«Los daños, sin duda. Ahora que voy a cumplir 66 he aprendido a no meterme en demasiados líos. Cuando era joven pensaba que podía con todo, y que estaba en mi mano cambiar el mundo y a la gente. Me he dado cuenta de que no, claro. Hay que dosificar las energías para salir vencedor en las batallas que puedes ganar y no malgastarlas en las que vas a perder»


"HE CONSEGUIDO VIVIR DEL

CUENTO"

4.- ¿La escritura es tu vida o tu forma de vida?

«Las dos cosas. Mi vida y mi forma de vida porque yo vivo del cuento en el sentido literal de la expresión. Y una tercera, es como un mal amor. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin ti porque me muero, decía la copla. Pues es lo mismo que siento yo. Cuando escribo lo paso fatal y cuando no lo hago, me siento peor»

Al comenzar la entrevista no tengo miedo, pero sí respeto y mucha responsabilidad. Para mí Carmen Posadas es un referente en la escritura, uno de mis autores de cabecera. Pero a medida que avanza la entrevista me siento cómoda con ella, porque ella me hace sentir así. No piensa mucho las respuestas y eso me gusta; significa que responde por instinto. Pura pulsión. ¡Puede haber algo más veraz que un impulso!


5.- Última vez que lloraste y por qué.

Se ríe. Y siento esa risa a través del teléfono sincera y espontánea. Como la risa de un niño juguetón. Sin imposturas. Podría haber resuelto la pregunta con una repuesta convencional y, sin embargo,  me dice que le resulta un poco bochornoso confesármelo. Yo le contesto que llorar me parece muy terapéutico. Ella me explica:


«La gente cree que mover los sentimientos tiene que ver con algo grandioso. Si lees, por ejemplo, “El conde de Montecristo”, parece que llorar es lo suyo porque es una  gran obra. Sin embargo si lloras con una telenovela, eres un idiota. Por dentro te puede remover tanto lo sublime como lo banal. La última vez que he llorado ha sido con una película de niños. Concretamente con la última versión que ha hecho Tim Burton de Dumbo»

6.- Un libro que te hubiera gustado escribir a ti y otro que te hubiera gustado recibir con 18 años.

«Escribir muchos, pero si tengo que decir uno sería “En busca del tiempo de perdido” de Marcel Proust. En cuanto al que me hubiera gustado que me regalaran no te sabría decir, pero sí tengo uno que me cambió la vida a esa edad, “La Metamorfosis” de Kafka. Pensaba que tenía razón, que el mundo era así, un sitio ridículo, absurdo e incomprensible. Todavía hoy sigo dándole vueltas y tratar de comprender para no pegarme contra las paredes»

7.- Tengo una visión de lo que es la elegancia en un ser humano y te confieso que encajas perfectamente en mi particular canon, pero ¿qué es para ti ser elegante, al margen de cuestiones estéticas?

«La elegancia no tiene nada que ver con vestir de grandes firmas ni nada de eso. Está directamente relacionada con el respeto a los demás. Elegante es toda aquella persona que se esmera en cuidar y proteger los sentimientos de los demás»

8.- No sales de casa sin…

«Sin pintarme el ojo desde que tengo trece años»

 Aquí las dos estallamos en risas. Hay comentarios que solo podemos entender las mujeres y este es uno de ellos.

9.-  ¿A quién conoces tú que debería conocer yo?

Buff, resopla Carmen. Se queda unos segundos pensando y al final dice algo que me conmueve y que termina por ratificar lo que mi instinto ya me había chivado.

«Yo creo que deberías conocer a mis nietos. Porque son una fuente de enseñanza para mí todos los días»

 "EL CORAZÓN, A VECES, TE LLEVA A

 ENAMORARTE DE UN IDIOTA"


10.-  Los humanos tenemos la mala costumbre de tropezar en la misma piedra varias veces. Dime una lección de vida que hayas aprendido. Una de esas que dejan tanta huella que sabes con certeza que no volverás a repetir.

«La lección de vida más importante que he aprendido es que ni puedes ni debes depositar tu felicidad en manos ajenas. Esa gente que se enamora de las personas equivocadas poniendo su vida en manos de un idiota. Ahora escucho mucho esa frase de “dónde el corazón te lleve”… ¡El corazón te lleva a unos líos terribles y a enamorarte de cada imbécil! »

Carmen y yo volvemos a reírnos al unísono. Estoy segura de que en ese momento han paseado por nuestra memoria, fugazmente, algún que otro elemento masculino que ha caminado por nuestra existencia en algún momento y que encaja perfectamente en el prototipo de idiota de manual.

«Por supuesto que hay que poner el corazón pero sin olvidar la cabeza»




11.- Podemos resucitar a un personaje histórico durante 24 horas. ¿A quién eliges y por qué?

«Mira a mí me encantaría conocer a César Borgia.
Siempre me he sentido irremediablemente atraída por los malos, por cómo les funciona la cabeza. Un hombre que teniéndolo todo, inteligencia, cultura, atractivo y poder, opta por hacer las cosas mal, pudiendo decantarse por hacer el bien. Quiso comerse el mundo y, al final, el mundo lo devoró a él»

12.- Dime algo, una anécdota, un secreto, un deseo, algo que no hayas contado antes en otra entrevista.

«¡Anda! Pues si no lo he contado será por alguna buena razón. Así que, mejor seguir dejándolo así»  (Risas de nuevo entre las dos)

13.- Te dan seis meses de vida. ¿Qué decisiones inmediatas tomas sin dudar?
Aquí Carmen se pone seria. Me dice:

«Lo primero arreglar todo el papeleo y trámites burocráticos con el fin de que mis hijas y mis nietos no tengan ningún problema el día que yo falte. Y lo segundo, con casi absoluta seguridad, hacer un gran viaje»

Se queda unos segundos en silencio y recupera su tono jovial para decirme entre risas:

«Ah y otra cosa, me dedicaría a comer todo lo que quisiera, de todo lo que me he privado durante mi vida»


14.- Llegaste a España siendo muy joven. Dime, ¿qué cambios ves que ha sufrido nuestro país, tanto a mejor como a peor?

«Yo creo que se cumple esa profecía que dijo Alfonso Guerra: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Creo que España es uno de los países que más ha cambiado en un corto espacio de tiempo y para bien. Nuestro país es mucho mejor de lo que creen los españoles, que no entiendo la razón por la que piensan muy mal de él. Yo nací en Uruguay, un país diminuto, y cada vez que escucho el himno o veo la bandera, lloro de orgullo y emoción. Eso aquí está mal visto y esa es una lección que habría que aprender»

15.- Yo siempre digo que escribo porque no tengo una metralleta. La lectura y la escritura me han salvado en algunas épocas de mi vida. ¿Escribir y leer es para ti sanador, terapéutico?

« ¡Por supuesto! Me he ahorrado una fortuna en psicoanálisis dedicándome a la literatura. Lo bueno que tiene es que si alguien te cae mal lo pones como personaje en alguno de tus libros y lo matas, si es preciso. Y te quedas tan a gusto»

16.-  Una mentira de la que te arrepientas, y no vale decir que no mientes.

«Pues no soy muy mentirosa, solo miento en ocasiones contadas y por alguna buena razón. La mentira no suele ser muy generosa. No recuerdo ahora ninguna, pero sí te confieso que miento fatal y me pillan rápido. Así que, debería aprender a mentir mejor porque, de vez en cuando, es necesario»


"SER MADRE NO TE HACE SER 

MEJOR PERSONA"


17.-  Desde siempre a las mujeres la sociedad nos impone unos roles. Uno de ellos es ser madre. Parece que la mujer que decide no serlo por propia iniciativa, está coja como esa silla a la que le falta una pata. ¿La maternidad está sobrevalorada, Carmen?

«Sí, absolutamente. Ser madre no te convierte en mejor persona. Y no serlo, tampoco te hace ser peor. Ahora hay una corriente en la que los niños toman las decisiones familiares y todo gira en todo en torno a ellos: ellos deciden lo que se come en casa, el destino de vacaciones…Al final lo que les hacemos es un flaco favor. Los niños necesitan referentes y límites. Que miren a sus padres como padres, no como colegas»

18.- No podrías vivir sin…

«Leer. Si me quedo en casa sin nada que leer, me leo hasta la guía del teléfono o el prospecto de las medicinas»

19.- Un sueño cumplido y otro que se te resiste.

«Un sueño cumplido, vivir del cuento, que es muy difícil. La literatura es muy ingrata. No triunfa el mejor libro, no tiene éxito el mejor autor… Hay escritores maravillosos que no llegan ni a ver publicada su obra.
Y el que se me resiste es que hagan una buena película de mis libros. Han hecho alguna, pero no me han gustado mucho. Y ahora cruzo los dedos, porque han comprado los derechos de dos de mis libros y confío en que esta vez sí sea una buena película»

20.- Te proponen un largo viaje del que no sabes nada. Ni el destino, ni la duración, ni tan siquiera si vas a volver, pero te apetece mucho hacerlo. ¿Qué no metes en la maleta?

Tras unos segundos pensando, me dice:
«No meto una plancha. Seguro que eso no lo meto»


Una canción a la que vuelves una y otra vez, por el motivo que sea. Esa que podría ser tu epitafio, la banda sonora de tu vida o tu plan B.

«Tengo muchas, pero con seguridad sería un tango»

Es un lujo y un honor inaugurar esta sección con un personaje de la talla humana y profesional de Carmen Posadas. Deja el pabellón tan alto, que ahora mismo me cuesta la vida pensar en mi próxima entrevista.

He disfrutado, he aprendido y me he identificado prácticamente con todas sus respuestas.

Gracias, Carmen. De corazón.




 Autora de la entrevista: Susana Cañil
Todos los derechos reservados


viernes, 4 de agosto de 2017

RESEÑA DE "LO QUE ELLA DIGA" de Rafael Caunedo



El protagonista de esta historia se llama Santiago, pero bien podría llevar el nombre de cualquiera de nosotros. Nadie está exento de que nos pueda suceder lo que nos cuenta el autor en su novela “Lo que ella diga”.




Un título muy acorde con lo que nos vamos a encontrar nada más zambullirnos en el libro porque ella, la ELA, es la que gobierna, condiciona, hostiga y, al final, doblega no solo a su protagonista sino al resto de los personajes principales que en él aparecen; es obvio que aquí no hay secundarios.

La Esclerosis Lateral Amiotrófica es una enfermedad degenerativa que afecta a las células nerviosas situadas en la parte lateral de la médula espinal y que son las responsables del control de movimientos. Cuando estas células, llamadas motoneuronas, disminuyen su funcionamiento, provocan una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal. La esperanza de vida tras el diagnóstico suele ser de unos cinco años en los casos en los que la enfermedad se presenta en su versión más virulenta.

La lectura comienza poniendo al lector en antecedentes sobre cómo es la vida del protagonista hasta el momento en el que la enfermedad hace acto de presencia; sus amigos, su familia, sus estudios, su posición económica, su matrimonio y su trabajo. Y sobre todo, su pasión por el deporte. Un hombre absolutamente privilegiado en todas las vertientes de su vida. Tal vez por ello, o a pesar de ello, el impacto sobre el lector cuando recibe la noticia resulta todavía más demoledor.

Caunedo va incorporando a los personajes de manera natural, sin exigencias. Y los describe con detalle, realistas, próximos y bien perfilados, tanto su continente como su contenido. De esta manera, moldeas una idea  tan real en tu cabeza, que cada vez que irrumpe uno en escena, eres capaz de imaginarlo igual que un holograma sentado en tu salón. Es como si jugara con el lector y se adelantara a él con una sola idea: provocar una sensación de cercanía y familiaridad de tal calado que al final, mientras dura la lectura, tanto la familia como los amigos de Santiago se convierten en los tuyos por derecho propio y por sutil, pero eficaz, imposición del autor. Personalmente me gustan los autores que describen así a sus personajes, que no pasan de puntillas por ellos y que se centran exclusivamente en la trama. Una historia va zurcida indefectiblemente a unos personajes. Lo uno no existiría sin lo otro. Pero, por supuesto, aquí entran en juego mis gustos personales, tanto en mi faceta de lectora como de escritora.

Y de esta manera nos va deslizando por la historia con elegancia, sin altibajos ni sobresaltos. Nos habla de la enfermedad y de sus consecuencias a corto y medio plazo sin omitir lo importante, pero sin profusión de explicaciones irrelevantes o morbosas que lo único  que hubieran conseguido sería aniquilar de un plumazo la cualidad de exquisito a un libro que lo es.  

El autor pretende emocionar, acercar y concienciar. Y en su plano más pedagógico, mostrarnos un poco, la punta del iceberg, de una perversa y devastadora dolencia que jamás tiene un final feliz. Y lo consigue. Al menos en mi caso, así ha sido. Sabía de la ELA lo que la inmensa mayoría de la gente cuando no hay un caso que te toque la fibra de cerca. Así somos los humanos. Lo poco que lees, los casos que son noticia en la televisión y alguna información periférica de amigos o familiares que conocen a alguien que atraviesa por ese drama. Este libro me ha hecho consultar páginas dedicadas a esta enfermedad, querer saber más sobre ella y ante todo, volver a tomar conciencia de algo que todos deberíamos tener muy presente cada día que amanece: la salud es por encima de todo, lo más importante que tenemos en nuestra cuenta corriente de la vida. Sin ella, todo lo demás ni existe ni tiene valor alguno. Escenas cotidianas como pasear, sonarse la nariz, leer, llamar al ascensor o comer, se convierten en abismos insalvables para Santi. ¿No os parece suficiente motivo para pararse a pensar unos minutos en lo verdaderamente importante?

Y al hilo de esta reflexión, el autor nos relata como la ELA  pone el mundo de Santi, y el de todos los que le rodean, del derecho y del revés. Boca arriba y boca abajo. Y la pluma de Caunedo se desliza por las páginas describiendo con la precisión de un cirujano las etapas de esa maldita enfermedad: la incertidumbre, la angustia, el miedo, el sufrimiento, la impaciencia, las transformaciones en el carácter, el deterioro físico y emocional y los inevitables daños colaterales. Una amalgama de emociones que sacuden tu interior como un tsunami. Eso sí, el autor ha tenido la inteligencia y la sensibilidad de no sucumbir a la ñoñería, añadiendo dosis extra de dramatismo ni sentimentalismo de saldo. De hecho, yo no he derramado ni una sola lágrima. Y no, no es que  yo sea fría, indolente o inhumana. Es que ha conseguido algo más poderoso y turbador. Desde las primeras páginas el texto, en clara confabulación con el autor, te está pidiendo que atesores todo el aire que puedas, porque es el único del que vas a disponer durante el tiempo que dure la lectura, que en mi caso fue apenas un día y medio. Leer sabiendo que te falta el oxígeno y que no vas a contar ni con respiración artificial de urgencia.

A medida que avanzas en su lectura has pasado por todo el abanico de estados anímicos posibles, has sido Santi durante un día y medio, pero también has sido Celia, Laura, Gonzalo, Joaquín, Aitana…Te has puesto en la piel de todos y cada uno de los personajes y te has preguntado una y mil veces qué harías tú en su lugar sin llegar, claro está, a ninguna conclusión solvente.

Cuando llegas al final, que no por conocerlo desde inicio deja de ser un balazo en el alma cargado de tristura, recuperas de golpe el aire y el ánimo. Y suspiras. Y en ese suspiro va una mixtura de sentimientos contradictorios; no deseas que se muera, pero sabes que morir es el único final.  Un final tan necesario como redentor.

Toda la tragedia que puede encerrar este libro queda absolutamente compensada con la calidad humana que reflejan los personajes. Su generosidad, sus principios inamovibles, su empatía, el amor,  la renuncia a su propia felicidad, la integridad y la entrega incondicional para que el último trayecto de Santi sea digno y pacífico. Harta de leer y ver comportamientos atroces en la gente, esta historia es, paradójicamente, un soplo de aire fresco que me hace recuperar un poquito la fe en el ser humano y que vuelve a ubicar mis prioridades en su legítimo lugar. Suficientes motivos para recomendar con énfasis su lectura.

Es el primer libro de Rafael Caunedo que leo, pero le seguiré la pista muy de cerca.


martes, 9 de mayo de 2017

UN FLECHAZO


UN FLECHAZO

por Susana Cañil



Llevo más de una hora dando vueltas por la tienda con resultado infructuoso. Y eso que son tres enormes plantas y hay oferta más que de sobra para satisfacer los gustos más exigentes. No sé si será el día, que hoy ha amanecido plúmbeo y con ganas de lloriquear (porque el chirimiri que ha caído no alcanza a ennoblecerse con la categoría de lluvia) o mi ánimo no está hoy para romerías. Tal vez lo segundo es consecuencia de lo primero, pero la cuestión es que no encuentro nada que me atraiga de verdad. Es bien cierto que tengo la exótica costumbre de no buscar, prefiero que todo me encuentre a mí, salvo en casos de urgencia. O en los de necesidad máxima en los que no me queda más remedio que abandonar la aventura y caer en manos de la previsión.  Y hoy, es uno de esos días.




Doy vueltas, recorro estanterías, miro, rebusco…Esto se está poblando de humanidad y yo detesto los aforos que exceden lo razonable, es decir, cuando empiezo a notar que mi espacio vital es invadido con aliento ajeno. Recibo un pequeño empujón con bolsazo incluido de una señora que mientras camina sin rumbo fijo, escribe algo en su móvil. No digo nada, pero la fulmino con una de mis miradas asesinas y la mando a la otra punta del local. Y además, aborrezco la horrible música que suena de fondo; me turba y me desvía de mi misión. Habría que despedir al que la elige. Mi humor acaba de vestirse definitivamente de luto y decido abandonar la búsqueda.

Entonces le veo. Me llama la atención irremediablemente. ¡Qué elegante es! Tiene sus años, se le nota en la presencia, pero también posee el atractivo irrefrenable del que tiene mucho que contar y enseñar. Su aspecto exterior es saludable, tal vez unas arrugas que podrían haberse evitado y un cierto aire maravillosamente decadente en los colores que le visten. ¿De dónde ha salido? Si he recorrido cada centímetro del local y no le he visto. Y desde luego, no pasa desapercibido. El destino, siempre zascandil y juguetón como un revoltoso infante.

Miro a su alrededor y compruebo con alegría indisimulada que está solo. Me acerco poco a poco, con cadencia calculada y un fin premeditado; oler su perfume. Para mí es fundamental el aroma, también  el tacto, claro. Pero eso ahora es inviable. Él me mira. Sí, me está mirando sin disimulo y con cierta insolencia. ¡Y su mirada se traduce en tantas sensaciones! Estoy nerviosa y algo excitada. Esto es un flechazo en toda regla, me digo. ¡Y no lo voy a dejar pasar! Me armo de valor y por fin me sitúo a su lado;  ambos nos medimos en esa distancia tan corta que casi nos rozamos, pero tan eterna cuando dos desconocidos se mueren por dejar de serlo. Aspiro su olor. ¡Joder, qué bien huele! Mil pensamientos cascabelean en mi cabeza. El mundo a nuestro alrededor acaba de desaparecer. Ya no veo a nadie, ni escucho ruidos, la música ha cesado y la señora que me propinó el bolsazo ha pasado a pertenecer a otro universo. Solos él y yo. No hay manera de esquivar el roce, ni lo deseo. Y cuando su tacto se posa sobre mi piel, me encanta; suave, atrayente y muy masculino.  Nos deseamos y no hay vuelta atrás. Le agarro entre mis manos y él se deja guiar hacia la salida sin oponer resistencia. Tengo tantas ganas de llegar a casa y devorarlo que tropiezo al bajar las escaleras por las prisas. Menos mal que el tramo no era excesivo y he podido reconducir la trayectoria de la caída. Aterrizo encima de él y me río a carcajadas. Ambos estamos bien y un señor muy amable me ayuda a levantarme.

Me lo llevo – le digo a la cajera, saltándome la fila para pagar y con el dinero preparado en la mano.

¿Quiere ticket regalo? – me pregunta muy amable.

Oh, no. Muchas gracias. Un libro nunca me va a defraudar hasta el punto de querer devolverlo.

Salgo de la tienda y una escandalosa tormenta de aguanieve ha terminado por tapizar Madrid. Pero ahí está él, esperándome. Ha salido del coche y avanza hacia mí con el paraguas desplegado y su maravillosa sonrisa. Sabe que odio la lluvia, pero más todavía que mi melena se encrespe. Me quedo unos segundos, resguardada debajo  de la marquesina, mirando su estampa. Está arrebatador con ese vaquero que resalta todos sus poderes sobre mí. El libro y él han terminado por empaparme del todo y ahora me asalta la duda de con cual de los dos comenzaré a saciar mi apetito cuando llegue a casa.

Libros y hombres. Hombres y libros. No hay tanta diferencia entre ellos y los dos son capaces de transportarme a los mejores éxtasis.

lunes, 1 de mayo de 2017

RESEÑA DE "LOS NÚMEROS DEL ELEFANTE" de Jorge Díaz.


LOS NÚMEROS DEL ELEFANTE de Jorge Díaz



Tercer libro de Jorge Díaz que reseño. Ya no hay grieta por la que me pueda escapar ni excusa razonable con la que salir del paso. Se me ve mucho el plumero con este autor. Lo confieso: siento especial debilidad por él y por sus libros, que devoro igual que si no hubiera un mañana.
Agradezco profundamente que no escriba uno al mes porque, con total seguridad, dejaría de leer al resto de autores para dedicarme en exclusiva a él. Dicho esto, ya os aviso que intentaré reseñar con toda la objetividad posible.

Es la tercera novela de Jorge que leo pero, curiosamente, la primera que él escribió. Tal vez el destino ha querido que sus libros fueran aterrizando en mis manos en un desorden cronológico que hoy agradezco. Las razones, más adelante.


Las primeras páginas de la novela ya te atrapan irremediablemente. Si hablamos de la historia que nos vamos a encontrar es la de dos amigos gallegos que emigran a Brasil para trabajar como mecánicos con la idea de forjarse un futuro digno y volver a su país, si no millonarios, al menos con una vida resuelta, la cabeza alta para lucir frente a la familia y el orgullo de haber dejado atrás una España de miserias y hambre.

Bernardo o Francisco (así se llama el protagonista de esta historia y ya entenderéis la razón de tener dos nombres) cumple su servicio militar en la Marina, a bordo de un barco que atraca en Río de Janeiro. Allí, y tras matar a un hombre, se ve obligado a desertar para evitar la repatriación a su país y, consecuentemente, una casi segura pena de muerte por asesinato. Oculto, sin documentación ni dinero, malvive en las calles hasta que se encuentra con Albino, un amigo de su infancia que ya lleva tiempo instalado en el país y al que la fortuna, aparentemente, le ha sonreído. Con una nueva identidad y amparado bajo la protección de su amigo, Bernardo/Francisco se verá inmerso en situaciones que jamás hubiera imaginado, en un país tan fascinante como peligroso. 

De la mano de Albino conocerá la parte más sórdida de los negocios de éste último y en los que él mismo deberá trabajar para saldar una deuda y sobrevivir. La prostitución, las luchas de las mafias por controlar la droga y el juego, los asesinatos y el Jogo do bicho (juego de los animales) directamente ligado con el curioso título del libro. Un juego muy popular en Brasil que asocia cuatro números a una serie de animales. Los números junto con el animal poseen un significado particular para cada uno.



Me cuenta Jorge en un almuerzo, que estuvo viviendo un año en Brasil. Conoce el país de primera mano y siempre es un gusto escuchar sus vivencias y anécdotas. Allí tuvo noticia de un español que tras 50 años oculto bajo una falsa identidad, se entrega de manera voluntaria a la policía cansado de esconderse durante tanto tiempo. Nadie pudo contrastar de forma fehaciente que la historia de este hombre fuera verdad o tan sólo un estupendo relato fruto de una mente tan fértil como desequilibrada. ¡Qué más da! Lo importante es que de esa anécdota surge la exquisita novela “Los números del elefante”.

El autor la divide en cuatro capítulos: Getúlio, Juscelino, Jânio y Lula, nombres que pertenecen a los cuatro presidentes, probablemente más influyentes en la historia de ese país y, de paso, sirve para reflejar, en forma de diario, la vida del protagonista en las cuatro etapas de su vida.

En un inciso le comento a Jorge que noto mucha diferencia narrativa entre esta novela y las dos otras dos que he leído de él. Está de acuerdo conmigo y me ofrece la explicación que, implícitamente, le he solicitado. Y claro, lo entiendo todo.
Acostumbrada a sus novelas de diálogos sucintos y al grano, sin profusión de detalles irrelevantes que podrían cansar al lector, teniendo en cuenta que sus novelas traspasan las barrera de las 500 páginas,  plagadas de multitud de personajes  a los que nunca terminas de conocer del todo (aliciente que te deja siempre  con ganas de más y más…) y que generan una tensión emocionante en cada página,  casi me parece estar leyendo a otro autor. De ahí mi comentario al inicio de este texto donde agradezco al destino haber leído sus obras en un orden no convencional. Y con esto que nadie me malinterprete. Me apasiona su forma de escribir, de una manera o de otra. Pero aquí encuentro a un Jorge más pausado, con ganas de explayarse, de explicar  cada detalle, cada situación ( y además la propia historia así lo demanda). Aquí no atisbo al guionista, sino a un magistral narrador, a un escritor con mayúsculas en su debut literario. Aquí vislumbro a un Jorge escribiendo por y para él.

Jorge nos acerca de manera magistral y evocadora a ese Brasil de los años 50 en el que se entremezclan el glamour con la prostitución, el  auténtico amor con los odios más viscerales, el lujo con el submundo de las siempre poco conocidas favelas. Mafias, juego ilegal, las escuelas de samba, el fútbol,  los carnavales, colisión de poderes y pruebas constantes de lealtades que pueden situarte en lo más alto un día y al siguiente, en la misma diana de la muerte. A través de su relato conoceremos el momento político y coyuntural del país en cada período de la novela, sus costumbres, su historia y la de todos aquellos gallegos que emigraron a Brasil en busca de una mejor vida y se encontraron con que no es oro todo lo que reluce.

Una novela con cierto toque costumbrista, preñada de detalles, donde los sabores , los sonidos y los colores saltan desde las páginas de la novela para envolverte, emocionarte, para llorar y disfrutar, pero sobre todo, para aprender. Y todo ello a través de ese protagonista que nos cuenta en primera persona todo su periplo vital en un país que le dio desde lo mejor hasta lo peor, sin término medio.



Apasionante, embriagadora, especial, maravillosa. Bella, sería mi adjetivo final.
Imprescindible novela, imprescindible Jorge Díaz en vuestras estanterías.

Texto escrito por: Susana Cañil



domingo, 23 de abril de 2017

LOS LIBROS, MI FAMILIA Y OTROS ANIMALES

Los libros han formado parte esencial de mi vida desde que era pequeña. Son casi un apéndice más al final de mis brazos. Sin ellos no entendería mi existencia y mi corazón latiría a medio gas.  
Soy la menor de cuatro hermanos, todos mucho mayores que yo. Digamos que llegué al mundo cuando nadie me esperaba. Cuando parecía que las vidas de mis padres y hermanos estaban encauzadas  y en equilibrio, aterricé yo para alterarlo todo y convertir el orden en desorden. La tranquilidad en agitación. El sueño en vigilia. Un caos, un auténtico galimatías. Ellos dicen que un caos inesperado pero maravilloso, aunque a estas alturas de mi vida,  tengo serias dudas al respecto de que así fuera. Porque yo me pregunto,  ¿a qué hermano con 20 años le apetece de repente tener en casa a un bebé llorón y exigente que reclama atención las veinticuatro horas del día? Por no hablar de mi madre, que con casi 45 años volvía a empezar con biberones, pañales y noches en vela.

La diferencia de edad con mis hermanos, todo un abismo generacional, no supuso una brecha en cuanto a los sentimientos se refiere, no así en mi relación con ellos.  ¿Qué podía tener en común, además del siempre sobrevalorado vínculo de la sangre, con una hermana veinte años mayor que yo? Absolutamente nada. Transitábamos por universos tan ajenos, que cuando fui  realmente consciente de ello, los libros habían desbancado a los que tenían que haber sido mis compañeros de juegos en circunstancias normales.

Recuerdo nítidamente que en mi casa había mucha lectura. Temáticas muy variadas y, en ocasiones, libros poco recomendables  para una mente inquieta y exploradora como la mía, pero aún en proceso de desarrollo. Entonces yo era una catasalsas sin criterio definido, situación que el tiempo se ha ocupado de cauterizar con rudeza, por fortuna.  Si bien no es menos cierto, que al vivir en un ambiente tan “adulto” maduré a una velocidad vertiginosa.  No me quedaba otra. Así fui dejando atrás la infancia e ingresé  de lleno en la adolescencia con matrícula de honor y la señorita  lectura como mi íntima amiga, a falta de una de carne y hueso con la que sintonizara de verdad. Los libros me lo contaban todo, no molestaban, no cuestionaban y no mentían. Todo estaba allí. ¿Qué más necesitaba?

Con la llegada de la juventud, ya había dejado muchos cadáveres en la cuneta: las amistades que más o menos soportaba antaño, ya no me satisfacían.  Por no hablar de los hombres. Con dieciocho años yo salía con chicos diez años mayores que yo y ellos todavía seguían trepando por los árboles y bebiendo Fanta. Un horror.  De nuevo, otro precipicio al que enfrentarme. El segundo de muchos por los que he tenido que arrojarme. Todo eso condicionó, moldeó y determinó  mi carácter, mis gustos y mis amistades. Me volví tan exigente seleccionado  tanto personas como libros.

Amores, desamores, tristezas, alegrías, desengaños, encuentros, desencuentros, amistades, pérdidas, noches en vela, anécdotas… todos ellos siempre vinculados a algún libro.  No hay recuerdo importante, episodio relevante o situación crítica o feliz en mi vida que no pueda emparentar a una lectura en ese momento. Igual que otros ligan recuerdos con canciones, yo lo hago con los libros.

Libros que me han marcado o han dejado una huella indeleble en mi persona, que han sufrido mudanzas, que han cambiado de manos, que se han extraviado temporalmente y que, milagrosamente, han retornado a mis manos y  permanecen conmigo. Libros comprados, prestados, alquilados o regalados. Libros que busqué o que ellos me encontraron. Testigos excepcionales  y mudos que se llevarán a la tumba muchos secretos inconfesables, momentos divertidos, amores de película, viajes exóticos, conversaciones sireneras, sexo intemperante, mentiras temerarias, apuestas arriesgadas y todo lo que aún me queda por vivir.

Tus grandes amigos en cualquier soledad. Incluso cuando estás rodeado de gente. Aliados, silentes, insobornables, fieles, palpables, sabios, oportunos…

LOS LIBROS

Texto escrito por Susana Cañil
DReservados