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lunes, 6 de julio de 2020

Entrevista a Manolo Campoamor: «Kaka de Luxe no tuvo ningún éxito»

20 PREGUNTAS CANALLAS Y UNA CANCIÓN

 DESESPERADA CON MANOLO CAMPOAMOR


Entrevista a Manolo Campoamor
por Susana Cañil



Había coincidido con Manolo en varias ocasiones, la más reciente de ellas en la presentación de mi último libro. Desde el primer momento me llamó la atención, tanto la persona como el personaje. Es un hombre delgado, amable, que no aparenta sus años, de mirada profunda e ideas claras que transmite sosiego. Aunque presiento que por dentro es una olla en ebullición permanente, como todos los que generan ilusiones y se dedican a cualquier disciplina relacionada con el arte. Es reservado y discreto, intuyo que tímido,  y tengo claro desde el primer momento que no obtendré declaraciones novedosas ni impactantes. Nada que no se haya dicho, leído o visto ya. Pero le advierto antes de la entrevista de una cosa:  sí necesitaré algún titular. Ha sido muy generoso y me ha dado varios.

La llamada Movida madrileña me pilló muy pequeña, demasiado como para ni siquiera saborearla. He sabido lo que supuso mucho tiempo después, pero siempre ha despertado  un gran interés en mí. Una época que fue capital para nuestra capital, en la que nos proyectamos de cara al mundo y despertamos del estado letárgico y opresor que supuso el franquismo. Toda una amalgama de personajes vinculados al arte afloraron como por ensalmo; pintores, cineastas, periodistas, cantantes, dibujantes, escritores...todos sin excepción con una  lucidez fuera de lo común, efervescentes, capaces, inteligentes, provocadores. Unos fuera de serie en un fuera de tiempo.

Me pareció que entrevistar a Manolo podría ser algo divertido y muy enriquecedor por haber sido un personaje clave en ella y vivir todo aquello en primera persona pero, a la vez, aportando esa visión crítica y parcialmente objetiva que confiere el abismo de los años transcurridos y las experiencias vividas.

Fue fundador junto con Alaska, Carlos Berlanga, Nacho Canut, Enrique Sierra y Fernando Márquez, "El Zurdo" del grupo de punk "Kaka de Luxe", hoy ocupando un merecido lugar en el olimpo de los grupos del culto.  Tan sólo eran una pandilla de inadaptados con un deseo desbordante de contar cosas encima de un escenario, pero no cualquier tipo de cosas. Las letras de sus canciones escandalizaron hasta a los más aperturistas y, en algunos casos, fueron hasta prohibidas.

Me cita en el showroom que su sobrina tiene pleno barrio de Salamanca. Ella es la propietaria de la firma de ropa La Condesa, en la que Manolo también colabora aportando su creatividad. Nos instalamos en un despacho precioso plagado de detalles; chaquetas-joya, perchas, maniquíes desnudas de labios rabiosamente rojos, burros con vestidos, paredes con sirenas pintadas... Un paraíso para mí, teniendo en cuenta mi pasado profesional reciente.

Mientras me dispongo a encender la grabadora, sale Sabina en la conversación y le confieso que soy "sabinera" total y que tengo toda su discografía. Manolo tuerce el gesto y me hace saber que no le gusta. Bueno, no pasa nada. Rápidamente cita a Bowie que le fascina y  a mí también. Ya hemos encontrado un punto de unión para comenzar.





1.-  Defínase en tres palabras.

«Pintor, investigador, underground».

2.-  Sus orígenes se remontan al cómic, que ya dibujaba allá por los años 70. Estaba claro que usted ya llevaba dentro un artista. ¿Cómo se pasa de dibujar y vender su obra en el Rastro madrileño a ser cantante (sin tener ni idea de cantar) de un grupo tan controvertido y con un nombre tan escatológico como "Kaka de Luxe"?

«Desde que era muy pequeño dibujo con facilidad, pero también sentía pasión por la música. Comencé a comprar singles con apenas 10 años con cierta asiduidad así es que con 18 ya sabía muy bien lo que significaban los grupos de rock. Me identificaba completamente con el punk y compartía la misma falta de objetivos que los adolescentes ingleses. Como ellos, yo también me había criado con el glam y me consideraba preparado para soltar toda esa ira, aún sin saber nada de música. Lo menos importante entonces era el virtuosismo instrumental. Fíjate en Bowie. Al margen de que te pueda gustar más o menos, marcó tendencias con sus cambios de imagen camaleónicos, se anticipó a casi todo, su estética era rompedora, única.
El dibujar cómics me había puesto en contacto con el mundo underground y todos sus personajes al margen de la sociedad. Digamos que iconográficamente estaba muy, pero que muy preparado para cantar en un grupo punk».

3.- Con el poder que otorgan los años, la experiencia y la distancia, dígame, ¿qué balance realiza de aquellos años?

«Me sirvieron de formación para varios campos. En aquellos días empezaban a surgir tantas oportunidades que antes no teníamos... y afloraron muchísimas ideas; algunas de ellas aun sirven y otras están caducas. Creo que a todos los creadores que empezamos entonces se nos abrían puertas hasta el momento desconocidas y bien cerradas por la dictadura. En cualquier caso Madrid nunca ha sido ni Nueva York, ni Londres, ni París y las infraestructuras culturales dieron un afianzamiento a casi todas las actividades, muchas veces ficticio, que más tarde se ha venido abajo o ha desaparecido».


4.- Kaka de Luxe está considerado como el primer grupo punk español. Letras y estética rompedoras, algo de intuición, toneladas de actitud y provocación, pero con una impericia musical más que evidente. ¿Cuál cree que fue el secreto de su éxito y el hecho incontestable de que ya sea considerado un grupo de culto?



"KAKA DE LUXE NO TUVO NINGÚN

 ÉXITO"



«Ningún secreto. Menos a mí, que no me interesaba nada hacer música comercial, el resto de los miembros formaron otros grupos musicales con los que, aparte de ganar por fin algo de dinero, marcaron las pautas de los siguientes años, todos tuvieron un gran repercusión y algunos mantuvieron sus carreras durante décadas con éxitos impensables. La mayoría de músicos importantes de los 80 fueron miembros, pasaron o colaboraron en algún momento con Kaka de Luxe. Cuando comenzamos allá por 1978-1979 era un grupo minoritario, sólo lo conocían unas pocas personas mayores en edad que nosotros que por ser gente moderna se interesaron en ver qué hacíamos. Ese primer y único grupo de seguidores también rompieron culturalmente con lo anterior y todos son hoy en día personajes con mucho peso y relevantes de aquellos años e influyentes creadores actuales. El único disco oficial de Kaka de Luxe es un single E.P.  que se vendió de pena en su momento; más tarde,  en los 80, ya estaba considerado como objeto caro de culto. 
El éxito de verdad, el poco y grandioso éxito fue aparecer abriendo La edad de oro en TVE de la mano de nuestra amiga la desaparecida Paloma Chamorro que nos obligó a todos a reunirnos tres años después de nuestra separación.

En un ataque de curiosidad, hace algún tiempo me puse a buscar por ahí si alguien había hecho versiones de las canciones de Kaka de Luxe y para mi sorpresa encontré muchísimas y de gran calidad».


Manolo Campoamor en su primera actuación. Fotografía del archivo de Mikel Barsa.

El grupo "Kaka de Luxe" al completo. Fotografía del archivo de Mikel Barsa.



5. - Hay infinidad de libros escritos que hablan de la Movida Madrileña, pero dígame, ¿qué no se ha contado todavía?

«No tengo ni idea, yo solo he leído el de "El Zurdo" que estoy seguro que es el mejor y más fiable. Desde lo que yo viví, sentí y experimenté, podría contarte muchas cosas, pero eso implicaría a gente que aún sigue viva y no me parece correcto».

6.- ¿Qué consejos le daría el Manolo Campoamor de ahora al de entonces?

Risas.

«Nada, sólo trataría de seducirlo. Estoy seguro de que nos encontraríamos de lo más interesante el uno del otro. No me arrepiento de nada de lo que hecho y mis  errores están cometidos a conciencia. No podría aconsejarle nada que no hiciera ya él solo. Además, eso cambiaría mi vida actual y me ha costado mucho conseguirla. ¡Pero tu pregunta me encanta, es una bonita película!».


"A mi yo de juventud no le daría

 consejos, sólo


 trataría de seducirlo" 



7.- ¿Sigue manteniendo relación con los miembros del grupo? Y especialmente ¿cuál es su relación con Alaska hoy en día?

«Ninguna relación. Mis favoritos del grupo, desgraciadamente, murieron jóvenes».


 "El Zurdo" y  Campoamor en plena actuación. Fotografía del archivo de Mikel Barsa.


8.- Y también quiero saber si cuando llegó el éxito triunfal de Alaska, añoró en algún momento el estar ahí.

«Ah, ¿pero que le ha llegado el éxito a Alaska? No lo sabía».

Risas de ambos. Me gusta la ironía inteligente de este hombre. Es obvio que la relación con Alaska, además de inexistente, dejó rastros de insatisfacción. No existen palabras de admiración hacia ella, pero tampoco Manolo dispara flechas envenenadas. Al menos de forma evidente, lo que hace que me revuelva en mi asiento loca de curiosidad por saber las razones de la clara animosidad hacia que ella que se respira. No la soporta, pero él no me lo va a decir de forma tan clara. El que lea esta entrevista que saque sus propias conclusiones.

9.-  ¿Me ha contado un pajarito que vuestra primera actuación en la capital fue en el teatro de una iglesia de Carabanchel en Madrid, donde había que parar de actuar cada vez que daban misa. ¿Qué recuerdos tiene de aquella primera actuación?

«El pajarito se llama Mikel Barsa  y nos consigue esa primera actuación. Con Mikel yo hacía un fanzine llamado Catacumba en el 76 y nos hicimos muy amigos. Él puso todo su conocimiento en facilitarnos actuaciones.  En esa que me dices cuando se nos terminó el corto repertorio que teníamos, "El Zurdo" empezó a recitar el padrenuestro mientras los músicos, muertos de vergüenza, daban notas chungas como podían. Yo me bajé inmediatamente del escenario, eso lo hacia mucho porque me encantaba ver al grupo desde abajo, y subir luego a incorporarme completamente empoderado.
Mikel y yo nos perdimos la pista muchos años, cada uno estaba a sus cosas. Hace un tiempo nos reencontramos a través de una amistad común y fue una auténtica alegría. Podría pasarme la entrevista hablando de él».


"Alaska muestra sus luces, pero hay

 que conocer sus sombras"



10.-  Cuénteme alguna anécdota, episodio o situación que no haya contado nunca, que el público no sepa.

«Tengo muchas, tantas... Muchos recuerdos en casa de "Las Costus". Por allí pasaba gente de toda índole; algunos muy ñoños como Pedro Marín, Iván o Los Pecos. Pero también otros como Tino Casal, Carlos Berlanga, Capi, Pedro Almodóvar , Paloma Chamorro, McNamara y tantos otros. Muchos de ellos, por desgracia, ya nos dejaron.
Una de esas anécdotas fue rodando una escena de esa película con Alaska, alguien, supongo que una fan fetichista, le arrancó la peluca que llevaba puesta para el rodaje y salió corriendo con ella. Alaska se quedó en shock, muerta de vergüenza y cabreada, con su pelo natural aplastado y lleno de horquillas que no le hacían ningún favor. Alaska parece inteligente y encantadora. Te engaña durante media hora, después es otra historia».


Para todo aquel que lea esta entrevista y no sepa  de qué habla Manolo, Casa Costus era un piso en pleno barrio de Malasaña en Madrid, concretamente en la calle La Palma en el que vivían dos  jóvenes pintores, Enrique Naya y Juan Carrero, más conocidos como Las Costus, pues conjuntamente así firmaron su obra pictórica. Allí rodó Pedro Almodóvar  la icónica, irreverente e inclasificable película "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, su ópera prima. Filmada con unos medios más que rudimentarios, se ha convertido en una pieza esencial para destapar los entresijos de una etapa clave en nuestra historia más contemporánea. 

La casa se convirtió en centro neurálgico de la Movida madrileña y cuentan que cada día a partir de las cinco o seis de la tarde se convertía en un ir y venir de todo tipo de fauna que entraba y salía a todas horas. Toda una galería de inquietantes personajes que aunaban entre todos toneladas de talento y que se juntaban para hablar, compartir, reír, trabajar y todo lo que surgiera. "Gente rara", decían los vecinos de entonces. 
Las drogas y el sida se llevaron por delante a mucha de aquella gente, entre los primeros estos dos pintores que, además, eran pareja sentimental. El 4 de junio de 1989 Enrique Naya fallecía víctima del sida y un mes después Juan Carrero se quitaba la vida.

11.- Si no tengo mal los datos el grupo duro menos de un año y se separaron por “discrepancias musicales”. Dígame las verdaderas razones, por favor. 

«La falta de éxito es la verdadera razón. Cero éxito, ni caso. Algunos de los miembros haciendo el servicio militar y con un horizonte muy negro en pos de alcanzar la fama, fueron razones de peso para el distanciamiento.
Decidí que sería pintor y me puse a estudiar durante 5 años la carrera. Mi interés fue recompensado con muy buenas notas; pintar era mucho más real, siempre me moví en planos plásticos, de estética. En el grupo me preocupaba más mi ropa que mis letras. Hacia los carteles, el fanzine, camisetas para todos y además era la imagen en directo como vocalista, como ves todo muy conceptual y nada musical».

Está claro que no le voy a sacar los auténticos motivos de la separación del grupo. Lo que argumenta es cierto y está contrastado, pero hay mucho más trasfondo en ese divorcio musical, también razones ideológicas de peso. 



12.-  Un día normal en la vida de Manolo Campoamor hoy es…

«Me levanto pronto y desayuno fruta y café con leche d soja, miel y polen. Antes tomaba cereales, pero ahora prefiero una tostada de pan integral con aguacate y anchoas. Rápidamente comienzo a trabajar. Durante el confinamiento me he tomado muy en serio el perfil de mi perra @pintaycome en Instagram y estoy preparando la exposición física del material para sacarlo fuera de la pantalla. Mi trabajo es solitario, supongo que es el denominador común de todos los artistas. Paso días enteros, a veces hasta semanas, sin salir a la calle ni ver a nadie. Visito a algunos amigos o ellos a mí, pero hace años que las fiestas están fuera de mi vida.  Ni fiestas, ni conciertos...hay mucha mediocridad y eso me aburre mucho».


13.- Entro en su web y me topo con esto: actualmente se dedica al arte audiovisual manipulando ruidos de animales como banda sonora abstracta de sus vídeo-creaciones. Explíqueme esto, por favor.

«Es un trabajo de collage. No soy músico,  así que corto y pego notas o ruidos y vuelvo a unirlas de un modo distinto sin ritmo ni tono. Después manipulo imágenes buscando sensaciones abstractas y lo uno al ruido. Un trabajo de investigación que llevo años haciendo en Youtube.
Como no tengo móvil, porque no me da la gana, sólo me permite subir vídeos y  eso supone un reto que me motiva muchísimo».

14.- Usted se dedica ahora a lo que realmente le llena y le gusta. Hábleme de ello.

«Llevo toda mi vida preparándome para ello y creo que mi conocimiento ya esta a la altura de buenas soluciones. Hacer cosas distintas entre sí me enriquece, desde el ruido para los vídeos hasta murales o diseños textiles. y a todo eso le doy un enfoque de artista plástico, el mio concretamente».



"He probado todas las drogas




15.- Los 80 y La Movida marcan un antes y un después.  La Movida madrileña fue mucho más que un movimiento cultural, fue una revolución,  pero también hubo un lado oscuro que no podemos soslayar; las drogas y el sida marcaron esa época de una manera fatal para muchos de sus colegas de esa etapa. ¿Qué opina de ello y cómo logró usted salir indemne?

«¿Indemne? No salí indemne, para nada. Yo las he probado todas. He tenido la suerte de que las drogas nunca me han servido para crear. Lo intenté muchas veces, pero no hubo manera y doy las gracias por ello. Sólo sirven para juergas y fiestas con los amigos, pero como apenas salgo ahora, estoy a salvo. Y eso ha sido así desde que las conozco. Me interesaron porque todos mis ídolos las consumían, pero vi que no podía jugármela en algo tan estúpidamente lúdico. Los ejemplos de amigos muertos por su abuso es algo que hay que tener presente cada día. Se han ido tantos genios, tantos artistas...
Una vez, ya mayor, mi padre  me agarró por banda y me pregunto: "Hijo, ¿tú no tomarás drogas?". Yo le contesté: "Papá, las dejé con 15 años".
He usado y abusado de ellas;  creo que eso hizo que ya no las necesite. Me pasó como a Obelix cuando cayó en el caldero».


16.-  No podría vivir sin…

 «Tabaco».





17.- Todos sin excepción añoramos algo de tiempos pretéritos. ¿qué traería Manolo Campoamor de regreso a nuestra sociedad actual?

«El glam de los 70, los grupos de rock con imagen contundente y sonido irresistible de aquellos años. Pero eso jamás volverá».


18.- Las redes sociales han democratizado el talento, pero esas mismas consiguen que la mediocridad brille más que nunca. ¿qué uso le da a las redes y qué beneficios e inconvenientes encuentra en ellas?

«Me gusta esa galería universal que son. Hay gente muy interesante, pero hay que bucear mucho. El peligro consiste en creer en todo lo que sale. Que un personaje tenga miles de seguidores en las redes, no es sinónimo de calidad, ni tan siquiera de interés. Ahora brilla la mediocridad, la falta de talento y el mal gusto. 
Yo no tengo ninguna, salvo Instagram, y estoy gratamente sorprendido porque  me están pasando cosas muy interesantes».



19.- ¿Ha conseguido usted vivir de su actual profesión?

«No soy millonario, ya me gustaría, pero hago lo que me apasiona y me da, si no para vivir holgadamente, sí para sobrevivir. Eso ya es un éxito, ¿no?»

20.- ¿A quién conoce usted usted que debería entrevistar yo?

«Sólo a mi».

1.- Una canción a la que vuelve una y otra vez, por el motivo que sea. Esa que podría ser su epitafio, la banda sonora de su vida o su plan B.

«Sería mi epitafio y la escucho de forma recurrente. Es End of the line de Roxy Music. Me encantaría que la pusieran en mi entierro y todos acabaran llorando sin parar».


La entrevista ha estado plagada de anécdotas que no contaré; hay cosas que no se deben contar. Nos hemos hecho un montón de fotos juntos, os dejo sólo una pequeña muestra. Ha sido una mañana calurosa y extremadamente divertida.


¡Gracias, Manolo!



Autora de la entrevista: Susana Cañil
Todos los derechos reservados








domingo, 12 de abril de 2020

COTILLAS, EXHIBICIONISTAS DE BATA DE COLA Y ALPINISTAS DE SALÓN


COTILLAS, EXHIBICIONISTAS DE BATA DE COLA  Y ALPINISTAS DE SALÓN
Soplan buenos vientos para los cotillas, los chismosos, los ajustadores de conciencias ajenas, los vigilantes del asfalto en chancletas de playa, los justicieros de la mirilla, la casta inquisidora, porteras con bata de guatiné, esos que en sí mismos ya son una pandemia. Hay  ciertos virus que no tienen vacuna, remedio, receta milagrosa ni oración que los extermine. Ni un exorcismo acabaría con la nueva Gestapo de balconcillo. ¡Qué sería de nosotros si a esos les dieran un uniforme, un cargo político o un poco de poder, aunque fuera transitorio? Bueno, de nuestra indecente y obscena caterva política ya disponemos de más de un indicio. Por desgracia lo estamos sufriendo en nuestras propias carnes.
Esa subespecie (no se engalana ni con la categoría de especie)  ha existido siempre, pero ahora, envalentonados bajo el paraguas de su ilimitado tiempo libre, su mediocridad y su esencia porteril, se han hecho visibles desde todos los palcos posibles; da igual un distinguido mirador del barrio de Salamanca que una sencilla barandilla de zona obrera; una aristocrática galería o un alegre y florido ventanal andaluz. Los nuevos guardianes del orden nos vigilan a cara descubierta, ya ni siquiera se molestan en esconderse tras un visillo, no. Ahora cuentan las veces que sales a la compra, a la farmacia, cuántos paseos le das al perro o el perro a ti, o si sales con o sin mascarilla. Vigilan al que va por la calle o al edificio de enfrente con su prismática mirada inquisidora, no vaya a ser que haga tres estiramientos de más en su terraza y a ellos les parezca que está quebrantando la cuarentena. O te insultan desde su altura, la del piso de su edificio no la moral, que de esa andan escasos, sin saber si vas a trabajar o a llevar comida a tu padre porque vive solo. 
Triste que los niños con trastornos como el autismo o el Síndrome de Asperger deban salir ya con la etiqueta de casa para evitar ser insultados en el mejor de casos, cuando no agredidos. Y aun así, da igual. Desde un octavo piso uno no puede detectar la pulserita que permite sacar a estos niños de paseo por sus especiales características. No se me ocurriría jamás increpar a alguien por la calle sin saber antes sus circunstancias personales. Ellos no; jueces de pacotilla sentenciando por intuición. Gentecilla con mucho tiempo libre y un móvil en su mano con el que poder grabar todo lo que se les antoje sospechoso. Junto al abismo de lo absurdo trepa siempre lo peligroso.
Eso sí, estos nuevos sabuesos son los mismos que a las horas estipuladas, puntuales cual reloj suizo, lo mismo mantienen el minuto de silencio,  que aplauden hasta hacerse llagas en las manos o secundan una cacerolada. Lo que haga falta, señores. Será por tiempo… Todo con mucho entusiasmo, por supuesto. Y ojo, no nos olvidemos de que, además, muchos de ellos han descubierto en estos días a la vedette que llevaban dentro, mostrando un exhibicionismo carpetovetónico digno de esta corrala llamada España. Disfraces, cánticos, bailoteos…que en la mayor parte de los casos taladran nuestros oídos y nuestros ojos. Les han extirpado la prisa y ahora no saben qué hacer con tanto tiempo libre. Lo que antes era un hobby ahora es su modus vivendi.
Y si no tienes balcón, no hay problema. Tenemos las redes sociales que cada vez que me paseo por ellas, salvo honrosas excepciones, me dan ganas de sacar los tanques a la calle, los gatos del callejón y mi lengua afilada de paseo. Como hoy, por ejemplo.
Yo les diría a todo este enjambre, aun sabiendo que será como predicar en el desierto, que entrenen de una vez su marmóreo cerebro, que no permitan que la principal avenida de su vida, el intelecto, se oxide. Que dediquen el tiempo a leer que otorga muchas más satisfacciones que vivir permanentemente presos de lo ajeno.
Que leer, pensar y darte una discreta vuelta por el balcón (sólo para orearte) es posible. Increíble, ¿verdad?
 Autora del texto. Susana Cañil
Todos los derechos reservados






jueves, 19 de marzo de 2020

BUSCÁIS MAL; LO EXTRAORDINARIO RESIDE EN LO COTIDIANO.



Llevo un rato largo dando vueltas en la cama sin poder dormir. Son las 3:42 de la mañana y decido aprovechar mi estado de vigilia para hacer lo que mejor se me da, escribir. Ordeno a mis dedos que surquen veloces las letras del teclado de mi ordenador, y a mi mente que no tropiece hoy con la falta de inspiración, pues son muchas las reflexiones que quiero plasmar.




Esta crisis sanitaria global y sin precedentes del coronavirus en la que nos hallamos inmersos, debería hacernos recapacitar de forma inmediata sobre los valores en los que nos apoyamos para transitar por la vida. Me decía un amigo días atrás que este tipo de situaciones hacen aflorar lo peor  y lo mejor del ser humano; le dije que no estaba de acuerdo. La esencia del ser humano siempre es la misma, al margen de los acontecimientos. Los malos, los egoístas, los arrogantes, los amorales, la chusma, la tarasca inhumana…esos van a seguir sin modificar ni una coma de su comportamiento. Tratarán de sobrevivir a costa de lo que sea, manteniéndose a salvo (o eso creen ellos) dentro de su anticuado y quebradizo caparazón, más rancio que el abolengo. La brújula de su moral sólo les indica un camino; el de su ombligo. Una caterva de ingratos e indolentes  que suele tener muchas máximas, siendo tan mínimos. Hedonistas con brillo de garrafón. Los vemos a diario en las redes sociales, ahora que estamos, incluso, más pendientes de ellas; los que salen a correr, montan fiestas, a pasear en bicicleta, a arrasar en el supermercado hasta con lo que no necesitan, los que pasean una mascota de peluche o se bañan en una piscina pública, sin respetar la consigna de quedarse en casa. Si su vida les importa una mierda, imaginaos las ajenas. Siempre hay un tonto de guardia.

Otro ejemplo es nuestra nauseabunda clase política, que en vez de permanecer unidos, para sacar a flote a la gran nación que es España, sólo piensa en su arribismo de burdel, su mórbido ego y en cómo salvaguardar  sus sueldos y sus poltronas con el único fin de convertirlos en vitalicios.  Sus discursos nacen con vocación de tesis doctoral con sobresaliente Cum Laude, pero se quedan en apenas unos garabatos escritos en papel higiénico de marca blanca. Y nunca mejor dicho. Individuos incapaces de empatizar con causas ni personas. Para ellos, la mentira es su filosofía de vida, la humildad el traje de los pobres y el corazón de los demás su particular retrete.

Y de la testa coronada ya ni hablo. Dándonos consejos desde su plácida y ventajosa burbuja, desde esa atalaya con la que se cree por encima del bien y el mal, con un discurso ñoño, perezoso, fuera de tiempo y preñado de demagogia de saldo que no me transmite ninguna tranquilidad y toda la intranquilidad. ¿Con qué autoridad moral se dirige a los españoles cuando guarda tanta inmundicia en la trastienda?  Estuve a punto de sacar el árbol de navidad y cantar un villancico. Que donen a la ciencia algo de su patrimonio. Sus cuerpos no, gracias. A ver si mejoramos las generaciones venideras.
Todos estos indeseables no calibran que esta vez viajamos bien juntitos en la misma patera, vestidos de gris ceniciento y con la diana pintada en la frente. Políticos, deportistas, actores, la chica del súper, tu vecino del quinto, emperadores o mendigos. Todos, por fin, con las mismas posibilidades; las de enfermar. Ahora somos un poco África, con sus epidemias, su hambruna, sus calamidades…esas que contemplábamos con aire de superioridad desde nuestro confortable sofá pensando en lo lejos que nos pillaba todo. Ahora, el azote es mundial. Han sacado a ventilar la alfombra y los piojos nos han alcanzado, a pesar de que  no saben volar.
Y aquí sí hago distinciones. El inteligente sabrá percibir la trascendencia tan grande de este momento y practicar una cura de humildad.  Los limpios de alma, sabrán reconducir comportamientos, agradecer esas pequeñeces de la vida a las que no solemos dar importancia, hasta que las perdemos; dar un paseo, sentarte en una terraza al sol, viajar, ir al cine o a un concierto, salir el domingo al Rastro madrileño, estar con tus amigos o con tu amor, hasta discutir (con la consiguiente reconciliación) se me antoja una belleza. Desde siempre he mantenido mi particular discurso de que sólo hay dos cosas importantes en la vida: la salud y los afectos. Ahora más que nunca me reafirmo en ello.
La vida nos ha penalizado con tarjeta roja, en clave de aviso, en múltiples ocasiones y nosotros haciendo la vista gorda. Nos hemos burlado de ella. En justo castigo a nuestro desdén, nos envía esta plaga con posdata adjunta: “Ahí os apañéis, humanos. A ver cómo salís de esta”. Nos ha mostrado, en una única clase magistral, lo vulnerables que somos. El desafío está servido.
Nadie imagino jamás vivir una debacle de este calibre. Todo lo que nos parecía hercúleo  se ha tambaleado. Hoy, sin espectáculos, ni cines, ni fútbol, ni bares, sin centros comerciales en los que gastar dinero en cosas absolutamente prescindibles, sin salida de emergencia, nos toca vivir mar adentro y fabricar nuestra propia fuente de felicidad. Nos han extirpado la prisa y ahora no sabemos vivir. ¡Qué torpes somos!
Es mucho lo que se puede hacer. A menudo, lo que nos salva de las catástrofes personales son los pequeños gestos y no las grandes gestas. Llama a tus amigos y familiares; preocúpate por ellos y ocúpate de ellos. Hazle la compra a tu anciano vecino o saca a pasear a su perro si él no puede. Regala tus libros, tu música, tu risa o tus letras. Reparte alegría y aísla el egoísmo. Todo suma. Todo es importante. Toda colaboración es bienvenida siempre que nazca del corazón, siempre que sea auténtica y sentida, porque entonces, será eficaz  y perdurable en el tiempo.
Y cuando volvamos a nuestra vida normal, recuerda dar las gracias cada día por todo lo bueno que tenemos que parece invisible, pero no lo es. Será una victoria pírrica, pero aniquilaremos al enemigo, no me cabe duda.
Y recordad: lo extraordinario habita en lo cotidiano. No perdáis el tiempo buscando dónde no es.

Autora el texto: Susana Cañil
Todos los derechos reservados