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lunes, 24 de septiembre de 2018

RESEÑA DEL LIBRO "TE DI MI PALABRA"



TE DI MI PALABRA de Conchi Revuelta


Si hay una autora a la que me apetecía volver a leer y a reseñar es, sin duda, Conchi Revuelta.
Nos ha hecho esperar mucho con esta nueva publicación a todos los que la descubrimos hace unos años firmando la excepcional novela Aromas de tabaco y mar. Me suele ocurrir que cuando termino de leer un libro como ese, prácticamente perfecto (cinco ediciones avalan mis palabras), me asalta, por un lado, la impaciencia de volver a leer a su autor cuanto antes y por otro, el recelo, legítimo, de que su próxima obra pueda igualar o superar a la anterior. En el caso que nos ocupa no os voy a dejar con la intriga hasta el final; ya os desvelo que con Te di mi palabra, la autora lo consigue con creces.



La historia se sitúa en el precioso Valle del Pas, un lugar que como buena cántabra, Conchi conoce muy bien. Pero ella es escrupulosa y  perfeccionista y me cuenta que, a pesar de haber nacido y vivir allí, se ha documentado exhaustivamente en relación con el tema principal sobre el que versa su libro: las  nodrizas o más conocidas como amas de cría. Hasta allí se ha desplazado varias veces, ha hablado con gente de la comarca y buceado entre toneladas de documentación para reflejar de la forma más veraz posible la historia de estas mujeres, que eran las preferidas por los reyes y la alta burguesía para amamantar a sus hijos a cambio de un considerable estipendio.

El origen de las amas de cría  se remonta al siglo XVII. Para tener el honor de ser nodriza, no bastaba con ser cántabra; los requisitos siempre muy estrictos, multiplicaban su grado de exigencia si el puesto era para amamantar a un miembro de la familia real; tener entre 19 y 26 años, no haber padecido enfermedades, estar vacunada, estar criando a su segundo o tercer hijo, pechos bien formados, carácter amable o poseer una trayectoria moral intachable, eran algunas de las condiciones para acceder al puesto y todas ellas avaladas por el galeno de la corte, en el caso de los requisitos físicos y por el cura, en el territorio de la integridad.

Como curiosidad hay que mencionar que esa leche no solo sirvió para criar a bebés recién nacidos, sino que personajes históricos como El Gran Duque de Alba o el rey Enrique IV de Francia, ante la imposibilidad de alimentarse de otra forma, acabaron sus días sustentándose de esta manera.

El renombre de las nodrizas del Valle del Pas surge, y ya permanecerá  para la historia, cuando el rey Fernando VII mediante un decreto real, manda buscar en Santander un ama de cría para su hija, la que con el tiempo se convertiría, nada más y nada menos, que en la reina Isabel II. A partir de ese momento la fama se dispara y multiplica y ya no solo son requeridas ante los casos de incapacidad física de la madre para alimentar a sus hijos, sino como  signo de posición social que remarcaba más si cabe, las diferencias entre las clases sociales.
Vega es la protagonista de esta maravillosa historia. Una mujer con una infancia complicada y una existencia dura con exiguos recursos económicos, pero feliz al lado de su marido. Un desgraciado accidente da un giro copernicano a su vida y la obliga a tener que salir adelante para mantener a sus dos pequeños hijos. Con el telón de fondo de la Segunda República, Vega abandona su amado valle para trasladarse a Madrid con su niña recién nacida para criar a la hija del matrimonio formado por Pablo y Brigitte. Nada será fácil. Tendrá que lidiar con el resto del personal que trabaja en la casa, un entorno familiar que se sostiene en un precario equilibrio, un cabeza de familia que, aunque es un buen hombre, dedica demasiado tiempo a su trabajo y peca de indulgente y una ciudad convulsa y ajena, que la llevará a vivir experiencias tan crudas como inolvidables. El estallido de la Guerra Civil la devuelve a su tierra, pero allí ya nada será como lo dejó.

El personaje de Vega, una mujer trabajadora, bondadosa, fuerte, leal y preñada de arrojo, te enamora desde el primer momento. Perfectamente dibujado, la autora no solo la retrata a ella, sino a todo ese colectivo universal de mujeres vanguardistas, tenaces, porfiadas, dispuestas a salir adelante y nadar contracorriente, sin perder su femineidad ni sus valores, en pos de mantener el bienestar de los que aman; incluso si eso les impone renunciar a su propia felicidad.  Esas mujeres que, nazcan en la época que nazcan, siempre marcarán tendencia y serán referentes para generaciones posteriores.

Revuelta es única con la pluma cuando se trata de dibujar con palabras el ambiente costumbrista de esa época y esa zona. Es como ella dice “pasión por su tierra”. Y esa pasión la lleva a descubrir al lector, a través de la mirada de la protagonista, los bellos paisajes, el duro trabajo de la trashumancia, la rutina diaria que latía en esos años tras cada muro, los usos y costumbres, las diferencias de clases y el papel de la mujer en la sociedad, tan importante pero a la vez, tan invisible.


No debemos olvidar el sacrificio de estas mujeres, que dejaban sus hogares y sus hijos, para atender a otros ajenos durante años. Cuando regresaban a sus casas, corrían el riesgo de que sus hijos no las reconocieran o que alguno hubiera fallecido durante ese tiempo. Si bien es cierto que la compensación económica les permitía vivir holgadamente el resto de sus vidas, comprar tierras o iniciar algún negocio, el peaje a pagar era cruel.

En resumen, una novela conmovedora, bella y didáctica. Con el lenguaje sencillo pero preciso al que nos tiene acostumbrados la autora que apunta derecho al corazón. La portada, acertadísima y preciosa, es una obra del pintor José Higuera llamada “La Pasiega”. No se puede pedir más.

No os oculto que vais a llorar con la historia y que a mí, personalmente, me hubiera gustado otro final para ser un libro absolutamente redondo. Pero en eso ya influyen mis gustos personales que ni puedo ni quiero obviar.

Os la recomiendo sin duda alguna y espero, ya con ansia, otra nueva de esta gran escritora que es Conchi Revuelta.







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