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jueves, 26 de octubre de 2017

LOS MEJORES BUÑUELOS DE VIENTO DE MADRID


LOS MEJORES BUÑUELOS DE VIENTO DE MADRID

Comer buñuelos de viento es una tradición española ligada al Día de Todos los Santos.
Se desconoce el origen de este delicioso postre, pero la leyenda dice que con cada buñuelo que uno se come, se salva un alma del purgatorio.
Sea verdad o no, lo cierto es que están deliciosos y cualquier excusa es bienvenida para comer este dulce que a nadie deja indiferente.

Eso sí, no todos están ricos. La elaboración, la materia prima, la calidad y cantidad de sus rellenos y la técnica para rellenarlos, diferencia claramente su sabor y su precio. Cuatro emblemáticas pastelerías de Madrid se llevan la palma en este dulce.



PASTELERÍA DEL POZO 

CALLE POZO, 8 

MADRID 

METRO SOL

TELÉFONO: 915 22 38 94



Empiezo con esta pastelería porque con solo nombrarla, me transporta de inmediato a mi infancia. Todos los domingos mi padre me llevaba allí y casi siempre comprábamos lo mismo: un pastel de hojaldre relleno de crema que os recomiendo probar.

Fundada en 1830 es la pastelería más antigua de Madrid (en realidad abrió sus puertas en 1810 como panadería) y tanto su fachada exterior como el interior, mantienen intacto su aspecto original.




Y casi me atrevería a decir que es la mejor pastelería de la capital.

Son famosos sus roscones, elaborados sin fruta escarchada y sin relleno, o sus torrijas de bizcocho rellenas de crema que podemos encontrar durante todo el año. Presumen de una pastelería rústica, no fina.

En cuanto a sus buñuelos mantienen los rellenos tradicionales que tanto les funcionan: crema, nata, chocolate, cabello de ángel o café.

No es barata, pero la calidad tiene un precio que la gente debe saber entender.

Para mí, un lugar indispensable.   






CASA MIRA 

CARRERA DE SAN JERÓNIMO, 30 

MADRID

METRO SOL Y SEVILLA

TELÉFONO: 914 29 88 95


El mejor turrón de España, elaborado de forma totalmente artesanal, se encuentra en esta emblemática casa fundada en 1855.

Luis Mira, confitero de la ciudad de Jijona, decidió probar suerte y establecerse en Madrid. Cuentan que subido a un carro lleno de turrón emprendió viaje hacia Madrid, pero tuvo que regresar cuatro veces, porque lo vendía todo antes de llegar a Albacete,  debido a que estaba riquísimo.

Su altísima calidad y su elaboración a mano, hacen de esta mítica casa un lugar de peregrinaje para todos los golosos venidos de todas partes del mundo.

Aunque tienen todo tipo de confitería, se han especializado en dulces navideños que puedes adquirir prácticamente durante todo el año.

Sus buñuelos de viento no son menos famosos por su textura y exquisitez. Trabajan los sabores tradicionales, que son los que más adeptos tienen.


Como dato importante decir que sirven a Casa Real.






NUNOS
  
CALLE NARVAEZ, 63 

MADRID

METRO IBIZA

TELÉFONO:  914 09 24 56

Su dueño lleva toda la vida haciendo buñuelos,  su verdadera pasión, aunque su profesión sea algo tan alejado como  la de arquitecto.

Durante dos años consecutivos, 2009 y 2010, ganó el premio de los mejores buñuelos de toda la Comunidad de Madrid. Por algo será.
Es de la vieja escuela. Todo artesanal, calidad extrema, nada de masas congeladas y de acelerar los procesos a base de porquerías.
Pero a la vez no deja de innovar. Hace dos años incorporó sus buñuelos con rellenos líquidos, por lo que los que prepara así, se deben comer en un solo bocado.




¿Qué sabores nos podemos encontrar en su interior? Sidra, Coca Cola, yogur, mandarina, horchata, gin tonic, chocolate blanco caramelizado con galletas o el de  Red Bull cuyo exterior es de color azul. Los clásicos sabores también están incluidos para los más conservadores.

Cuenta que el secreto de un buen buñuelo es no usar más de tres veces el aceite con el que se fríen, no escatimar con el relleno y utilizar ingredientes de calidad. Vamos, pura lógica.

Aboga por todos los dulces españoles y no oculta su rechazo por lo foráneo. En su tienda no te vas a encontrar con cupcakes ni nada parecido, tan de moda ahora.




EL RIOJANO 

 CALLE MAYOR, 10 

MADRID

METRO SOL

TELÉFONO:  913 66 44 82

Fundada en 1855 por el pastelero personal de la reina María Cristina de Habsburgo, natural de la Rioja de donde proviene el nombre de la pastelería.

Cuentan que la propia reina le ayudó a establecerse. El mostrador, la madera de caoba y el escaparate provienen de Palacio.

Todos sus dulces son elaborados a diario en el horno propio del que disponen, justo detrás del salón de té.





El Roscón de Reyes lo puedes encontrar los 365 días del año.





lunes, 16 de octubre de 2017

RESTAURANTES ESCONDIDOS EN MADRID

RESTAURANTES ESCONDIDOS




ZHOU YULONG

PLAZA DE ESPAÑA, S/N

MADRID

METRO: PLAZA DE ESPAÑA

TELÉFONO: 915 48 21 03

Más conocido como el “chino secreto de Plaza España”.

Situado en el pasadizo del parking de Plaza España, se encuentra este mítico restaurante, todo un clásico en Madrid. Sí, reconozco que la primera vez que vas, produce hasta un poco de miedo. Parece sacado de la película Blade Runner. En un parking poco transitado y un local absolutamente decadente que continua igual desde hace años.





Bien, os aconsejo que no os dejéis llevar por las apariencias.

¿ No sabes dónde está ? Cierras los ojos y te dejas llevar por el olor que ya desde la calle inunda tu pitutaria y que te va a guiar  derechito al subterráneo, del que ya no podrás salir sin querer probar su comida.
Sus mejores armas: precios ajustadísimos y una comida de alta calidad. Muy china. Sí, lo que oís. Nada de sabores adulterados. Auténtica comida china es lo que van a encontrar los que gusten de este tipo de gastronomía.

El local es muy pequeño y la carta poco variada. Siempre hay colas para almorzar y cenar, señal inequívoca de que la gente regresa por su calidad.

Pollo con verduras, costillas de cerdo con toque de jengibre o sus exquisitas empanadillas.


NOTA: Puedes pedir la comida para llevar.


VAOVA

PLAZA DEL HUMILLADERO, 6

MADRID

METRO: LA LATINA

TELÉFONO: 913 64 10 47

En pleno barrio de La Latina, un local con aspecto tan normal que pasaría desapercibido, acoge una tienda de muebles antiguos por la mañana.
Pero por la noche se transforma en un bar de copas en su planta de abajo.

Decoración étnica, música chill-out,  sofás y luz tenue en un sitio no especialmente espacioso y en el que inflan un poco el precio de las copas. Tomes lo que tomes, te va a costar 10 euros.

Las mesas separadas por cortinillas, ofrecen intimidad, aunque suele estar bastante lleno.


Curiosidad: según la web de contactos Ashley Madison, ocupa el primer lugar en el ranking de sitios en Madrid preferido por los infieles.





LA BODEGA DE LOS SECRETOS

CALLE SAN BLAS, 4

MADRID

METRO: ANTÓN MARTÍN

TELÉFONO: 914 29 03 96

Este restaurante está situado en lo que fue la bodega más antigua de Madrid, en pleno barrio de Las Letras y a pocos metros de donde vivieron Quevedo y Cervantes.
Pasadizos, hornacinas, paredes de piedra vista conservadas en su estado original y una misteriosa atmósfera rodeada de 400 años de antigüedad, conforman un marco de lo más atrayente para no dejar pasar un sitio así.




El lugar es simplemente espectacular y su cocina no se queda atrás. No poseen una amplia carta, pero cuentan con una oferta variada de comida mediterránea de calidad y bien presentada.

Pocos sitios pueden ofrecerte la magia  de sentarte a comer en una bodega del siglo XVII y en donde mezclar historia, gastronomía y vanguardia es todo un deleite para los sentidos.

 
LA CÚPULA

CALLE SANTIAGO, 18

ALCALÁ DE HENARES

MADRID

TELÉFONO: 918 80 73 91

Simplemente por el enclave en el que se encuentra, ya merece la pena una visita.
Como ya su nombre desvela, está emplazado en el interior de la cúpula de lo que fue una iglesia, el antiguo convento de los Capuchinos, cuya construcción data de 1618.  Imponente el espacio. También la decoración y la acústica.




Carta de comida tradicional, pero no por ello menos exquisita: espárragos trigueros asados con sal gorda, croquetas, solomillo de cerdo, arroz caldoso con bogavante o el clásico cordero asado.
El precio no es barato, aunque tampoco excesivamente caro. Pero una velada bajo esos techos y en ese entorno...en fin, como dijo Enrique IV de Francia, París bien vale una misa.

Sugerencia: Pasar todo el día descubriendo la historia, los monumentos y las anécdotas de  esta maravillosa ciudad que todos los madrileños tenemos a tiro de piedra.


EL VAGÓN DE BENI

CALLE SAN MACARIO, 5

HOYO DE MANZANARES

MADRID

TELÉFONO: 918 56 68 12

Un antiguo vagón del año 1931 comprado en los desguaces de Renfe y transformado por su dueño en un original y elegante restaurante.
Este vagón, que hacia el servicio de Correos se convierte en una romántica propuesta hostelera en la que con un mínimo de imaginación, creerás viajar en el legendario Orient Express.



El exterior del restaurante está ambientado como si fuera un apeadero con un reloj de agujas antiguo, de esos que ya solo puedes encontrar en estaciones muy antiguas.

En 2006 el dueño adquirió otro vagón de menores dimensiones (se dice,se rumorea, que en él viajó Alfonso XII) y lo habilitó como comedor privado al que solo se accede con cita previa.

En su carta, con platos que varían cada temporada,  podemos encontrar vieiras salteadas, hígado de pato asado, cocochas de bacalao o atún con boletus.


Nota: para los días invernales disponen de una salita de estar con chimenea para las sobremesas, de la que no querrás salir.



martes, 3 de octubre de 2017

SÓLO SE VIVE UNA VEZ



Cuando era pequeña existía la costumbre, que muchos recordaréis, de tener unos pocos vestidos destinados solamente a los domingos o a ocasiones señaladas. Los niños crecíamos a un ritmo vertiginoso y apenas nos daba para dos puestas. Quedaban sin amortizar, pues, por ese tipo de conductas absurdas que acompañan a una época y que visto ahora desde la distancia me resulta hasta cómico recordar.  Y en el caso de los adultos, me vienen a la memoria trajes maravillosos de mi madre, confeccionados a medida por su modista personal, que acumulaban polvo y estaciones en los armarios, a la espera de  que llegara el  ansiado domingo o esos días "especiales" para lucirlos en su majestuosa belleza, que en el caso de mi madre era inconmensurable.

Este carácter mío, rebelde e inconformista, un cincuenta por cien como resultado del intercambio del material genético de mis padres y el otro cincuenta como decisión personal, provocaban irremediablemente que me sublevara ante tamaña estupidez con apenas cuatro años. Si me gustaba un vestido… ¿por qué no podía ponérmelo cuando me diera la gana? 

Aquí me tenéis de pequeña, posando feliz para el fotógrafo que vino a casa a inmortalizarme ese día. Dicen mis hermanos que luego la lié cuando tuve que desprenderme de uno de mis vestidos favoritos. Y les creo.




Hace cuatro años, tras una desgracia personal, entendí, o mejor dicho, por fin interioricé, la esencia de cuán efímera es nuestra existencia, pero sobre todo, como puede dar la vuelta tan solo en el tiempo en el que centellea un relámpago. No somos conscientes de que estamos de paso por esta calle llamada Vida, y durante un tiempo tremendamente limitado en el mejor de los casos, siempre que Don Destino no decida abordarte en mitad del paseo para invitarte sin miramientos a cruzar al otro lado de la vía.

Fue entonces cuando algo en mi cerebro mutó. Los cables se desconectaron o, tal vez, se conectaron por fin, ¡quién sabe!

El caso es que mis coordenadas vitales se vieron alteradas bruscamente. Había perdido irremediablemente a un ser cercano y querido. Mi hermano ya no volvería nunca más a hacerme morir de la risa con sus chistes malos que él convertía en geniales, ni a recomendarme libros para leer. Ya no discutiríamos sobre política o cine, ni iríamos de excursión por los pueblos de la sierra madrileña. Se iba a perder  el crecimiento de mis hijos, jugar al Trivial en navidad y ver mis libros publicados. Precisamente él, lector voraz y la persona clave en mi vida que sembró en mí la semilla de la curiosidad la primera vez que me puso un libro en las manos.

Siempre he querido que mis días fueran especiales, pero desde entonces lo son todos y cada uno de ellos, según me levanto por la mañana.

No digo que no a ningún plan que me apetezca por muy cansada que esté. He triplicado el número de veces que digo “te quiero” a las personas que me importan. No basta con que ellos lo sepan, hay que verbalizarlo, porque tal vez mañana sea muy tarde y lo que no se dice en alto, no existe. No guardo ropa, perfumes o joyas sólo para lucirlos en días destacados. Los utilizo cada vez que quiero. Mi mente y mi cuerpo están alerta, receptivos y dispuestos para que me sucedan cosas, buenas y malas. He perdido el miedo a los errores y no malgasto mi tiempo con la gente equivocada. Me bebo la vida a granel y por descontado, ya no hago planes más allá de veinticuatro horas.

Si esperamos el momento ideal, las circunstancias propicias y el alineamiento perfecto de todos los planetas para afrontar, emprender, cambiar, romper, modificar o mandar al mismísimo carajo a algo o a alguien, nunca lo encontraremos. Siempre nos devorará esa vorágine en la que vivimos inmersos, preñada de amistades por compromiso, de intercambio de hipocresías, de consejos que no has solicitado, de metas que te son ajenas, de gente anónima que, misteriosamente, pulula por tu vida a diario invadiendo tu intimidad sin ningún escrúpulo.

¿Cuántas veces nos hemos preguntado este año a nosotros mismos "pero qué coño hago aquí"?

Hoy es un día extraordinario por la única razón de que estoy viva.

Si hoy brilla el sol, lo quiero entero para mí. Y mañana, ya lidiaré con la tormenta. Pero eso, será mañana.

Autora del texto. Susana Cañil
Derechos Reservados